“Ojalá que los miles que gritarán los goles de la Selección gritaran también por justicia y verdad”, piden madres buscadoras en 10 de mayo


Marcela Nochebuena | Animal Político
Foto: Israel Fuguemann
Ciudad de México
11 de mayo de 2026

 

En México la desaparición ha dolido a decenas de miles de familias desde hace casi seis décadas, por lo menos desde finales de los sesenta, de cuando datan los primeros registros de desaparición forzada en el país. Hasta hoy, la impunidad sigue siendo la regla. En ese mismo periodo se han celebrado 16 copas del mundo, incluido el Mundial 2026 que se realizará en México, Estados Unidos y Canadá.

 

Por eso, durante la XIV Marcha de la Dignidad Nacional, las madres que buscan a sus hijos, hijas, verdad y justicia, decidieron dirigirse a las autoridades y a la sociedad con lenguaje futbolero, a un mes exacto de la inauguración de la próxima copa del mundo, deseando que alguna vez los cientos de miles que gritan los goles de la Selección Mexicana, lo hagan también por justicia y verdad para las personas desaparecidas.

 

“Les hablamos hoy con palabras futboleras, a ver si así nos ven, nos escuchan. Le meteremos todos los goles posibles a la impunidad. Seguiremos jugando todas las copas necesarias hasta el regreso a casa de las personas desaparecidas. No nos venceremos”, se escuchó desde el megáfono en el Ángel de la Independencia, luego de que las madres, familias y colectivos que buscan marcharan desde el Monumento a la Madre a partir de las 10 de la mañana.

 

Ahora que los ojos del mundo están puestos en México, desearon que también vean su dolor y reaccionen: “sí nos importa el futbol, claro que sí, pero más nos importan nuestros desaparecidos”, continuó el pronunciamiento.

Junto a sus compañeras de Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en Coahuila y en México, Rosa Angélica García Saucedo, llegó a la Ciudad de México para la Marcha Nacional de la Dignidad desde Saltillo, Coahuila, con una playera alusiva a la Selección Mexicana, pero con el rostro de su hijo impreso en el centro. Busca a Jaime César Álvarez García desde el 6 de enero de 2012 en Piedras Negras, Coahuila.

 

Explica que la intención de las playeras es llamar la atención de sociedad y autoridades, porque están dando mucho auge a mostrar todo lo que hay en México, “y la pasión futbolera, pero por la pasión futbolera, la pasión por buscar a nuestros desaparecidos no está. Esa falta de pasión y de interés principalmente por la señora presidenta, porque a nosotros no nos ha recibido, a ningún colectivo de desaparecidos”, señala.

Reprocha que, en cambio, sí exista interés por los eventos musicales o el encuentro con el grupo BTS. Rosa Angélica cuestiona por qué la presidenta no se presentó en la marcha, y por qué no las ha acompañado para que vea que se trata de una manifestación de dolor, angustia y desesperación. “A nosotros nos hacen a un lado, y se va olvidando poco a poco”, lamenta.

 

Con una denuncia a nivel estatal y federal, a 14 años de la desaparición de su hijo no ha sabido nada de él y no hay avances en la investigación. A su juicio, hace mucha falta disponibilidad del gobierno federal, ministerios públicos e investigadores, pero sobre todo, voluntad. No tiene una pista que hayan aportado las autoridades; toda la información que consta en el expediente, cuenta, es la indagada por la familia.

Enfatiza que en el colectivo al que pertenece, todos los casos ya son de larga data —al menos de más de 10 años—, y de ninguno hay hallazgos o avances. Para ella, las autoridades cubren una verdad evidente, porque no la viven, pero el reclamo de las madres proviene de años atrás. “Ellos dicen que ya encontraron a muchos, ¿pero dónde están los nuestros?”, pregunta.

 

“En México sí existen los desaparecidos, y aquí estamos sus madres para recordárselo”

 

A la presidenta Claudia Sheinbaum las madres que marcharon este 10 de mayo le recordaron el día que tomó protesta y pidió ser nombrada como presidenta con A. “Lo que no se nombra, no existe”, dijo aquella vez.

 

Para las familias y madres de desaparecidos, ella hace lo mismo con la crisis del país: “hoy usted se niega a nombrar, a reconocer la cifra de personas desaparecidas en el país. Nada gana dejando de nombrar a nuestros desaparecidos, porque existen, señora presidenta, y aquí estamos sus madres para recordárselo”, fue parte del pronunciamiento de las madres.

 

Una de las madres que le recordó esa realidad a la presidenta el 10 de mayo, después de marchar con las consignas “¿Dónde están, dónde están, nuestros hijos dónde están?”, “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, “10 de mayo no es de fiesta, es de lucha y de protesta” y “México, campeón en desaparición”, fue Ma Luisa Hernández Rodríguez.

 

Ella busca a su hija Faride Berenice Hernández Rodríguez y a su yerno Jorge Chanes Alvidrez desde hace 16 años, cuando desaparecieron el 19 de septiembre de 2011 en Tampico, Tamaulipas. Desde entonces, promovió una denuncia y sigue presente en la marcha desde hace varios años, exigiendo que sean hallados. “(Las autoridades) a veces te dan muchas esperanzas, pero luego te cambian el MP, y ahí quedó todo”, reclama.

 

Entonces, hay que volver a hacer una carpeta y volver a vivir todo como si fuera el principio. Ella jamás ha estado bien, dice, porque constantemente tiene que recordar. Su nieta, hija de Berenice y Jorge, va a cumplir 18 años, de los cuales 16 ha vivido huérfana, con sus abuelos paternos. Su hija trabajaba para el Poder Judicial y hoy estaría por cumplir 50 años.

 

 

Durante la velada del sábado por la noche, y del Monumento a la Madre al Ángel de la Independencia este 10 de mayo, también estuvieron para recordárselo a la presidenta, con las mismas quejas, la mamá de Ricardo Gómez Santos, desaparecido el 13 de enero de 2017 del estacionamiento comercial Mexicana Zapata en Acapulco, Guerrero; María del Carmen de Jesús Ventura, quien busca a su hijo Arturo Chacón de Jesús desde el 18 de febrero de 2013 en Piedras Verdes, Urique, Chihuahua, y Verónica Apodaca, mamá de Bryan Quintero Apodaca, desaparecido en la Ciudad de México el 15 de julio de 2016. Ellas y cientos más.

 

Ahí estaba alzando la voz, por su hija desaparecida y también por su hija trans, Joanna Alvear, quien busca a Lilith Saori, desaparecida en Puerto Escondido, Oaxaca, el 2 de enero de 2023. A tres años y cuatro meses, relata que hasta ahora se están haciendo los actos de investigación que eran necesarios desde los primeros días, como la búsqueda forense y en vida. Ya ha ido dos veces a Puerto Escondido con ese fin, sin ningún resultado.

“Sigo insistiendo y sigo confirmando que las únicas personas que saben lo que sucedió fueron las tres con las que Lilith viajó. No hay ninguna imputación, porque las fiscalías no se han enfocado en las pruebas que yo les he entregado, se les ha llamado a comparecer en tres ocasiones… pero sigue habiendo inconsistencias”, reclama.

Lo que hacen siempre las familias, afirma, es tener una carpeta alternativa, y como en su caso, son ellas las que comienzan la búsqueda. Lilith perdió la oportunidad desde los primeros días, pues, además, al ser una persona trans, se ocupó su nombre legal y no con el que ella se identificaba. Ahora, gracias a su mamá, en su boletín de búsqueda incluso se incluyen las líneas rosas y azules de la bandera trans, y “mujer trans” como su género.

“Son personas, las que están en las fiscalías, totalmente indolentes… que definitivamente no voltean a ver a las personas trans; creo que se tiene que cambiar el sistema de justicia. Yo voté porque creí que iba a haber un cambio, y ahora me da tristeza que voté por una mujer, que es madre, para presidenta, y que diga que la desaparición forzada no existe, y que diga que muchas de estas ausencias son por voluntad propia, es lamentable”, apunta.

“Nuestro dolor sigue vivo”: insisten en que el Estado acepte ayuda internacional

Como parte del pronunciamiento de la marcha de este domingo, las familias y madres buscadoras también hicieron énfasis en decirle a la presidenta Sheinbaum una vez más: “atienda, permita el apoyo internacional para defender esta barbarie, porque tarde que temprano este delito les alcanzará. Aún pueden cambiar el rumbo de este país”.

No solo en el micrófono general, sino varias veces durante el transcurso de la marcha y en cada voz individual se escuchó, incluso desde la velada de la noche previa —dedicada a quienes han perdido la vida en la búsqueda—, esa petición, en referencia a los últimos hechos en torno a la aplicación a México del artículo 34 de la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada de Personas.

La XIV Marcha Nacional de la Dignidad llegó este mayo a poco más de un año marcado por la renuencia del gobierno mexicano a aceptar que la desaparición forzada es un fenómeno generalizado y sistemático, luego de que en los primeros días de abril de 2025 se supiera que el Comité contra la Desaparición Forzada (CED) de la ONU iniciaría un procedimiento contra México que abría la posibilidad de dar intervención a la Asamblea General de las Naciones Unidas.

Desde aquel primer momento, el gobierno de México rechazó esa posibilidad, pero una nueva esperanza se abrió cuando el CED presentó un informe en los primeros días de abril de este año solicitando formalmente que se diera vista a la Asamblea General para poner en marcha medidas de prevención, investigación y castigo ante el fenómeno de la desaparición.

En los días siguientes, la presidenta Claudia Sheinbaum insistió en rechazar los señalamientos del órgano internacional, que reportó un total de 819 peticiones de acción urgente —hasta febrero de 2026— relacionadas con desapariciones ocurridas en México, es decir, el 36.5 % del total de casos ante la Convención Interamericana sobre Desaparición Forzada.

La visita del Alto Comisionado de la ONU, Volker Türk, a finales de abril no hizo más que profundizar la desesperanza y decepción de las familias, pues ante el llamado que las organizaciones y colectivos hicieron para que en su reunión con Sheinbaum tomara una postura firme sobre la desaparición forzada, él evadió pronunciarse de manera contundente antes de dejar el país.

Así, el megáfono de este 10 de mayo sirvió para amplificar de nuevo las voces que subrayan la necesidad de aceptar la ayuda internacional: “aún puede pasar a la historia, señora presidenta, aún puede entender el dolor que marca al pueblo que gobierna, aún puede. Mientras los casos se enfrían, se relegan, desaparecen de nuevo, nuestro dolor sigue vivo”, denunciaron las madres desde las escalinatas del Ángel.

Recordaron que sus hijos, hijas e hijes no son expedientes ni cifras ni casos cerrados, sino vidas y amor. “Nos duele reconocer que sentimos que no está haciendo nada. Nos duele que el tiempo pase y que la justicia no llegue. Nos duele que la búsqueda recaiga, casi por completo, en nosotras”, apuntaron en su pronunciamiento.

La búsqueda, la investigación y ahora también la insistencia —no omitieron apuntarlo— se ha convertido en agotamiento. Al pie del Ángel de la Independencia pidieron que también se escuche el cansancio acumulado, el desgaste físico y emocional, mientras las autoridades solo administran el problema, sin mirar o resolver.

Ellas no han dejado de buscar, han puesto y siguen poniendo sus cuerpos y sus vidas en esa lucha —como las 43 personas buscadoras que dejaron la vida sin conocer la suerte y paradero de sus hijos amados—. El 10 de mayo, el día que debería celebrarlas, marcharon y salieron a las calles para exigir verdad, búsqueda efectiva y acciones reales. Un año más, volvieron a recordar que siguen aquí, como desde hace casi seis décadas, como desde hace 16 copas del mundo.