Acapulco, un siglo de saqueo y empobrecimiento

 

Ramón Gracida Gómez

Acapulco ha sido históricamente una ciudad militarizada, empobrecida y saqueada.

En menos de cien años, las élites políticas y económicas nacionales e internacionales acabaron con los recursos naturales de la ciudad con el uso de la fuerza, dejando a la inmensa población sin los medios mínimos de subsistencia.

Los altos niveles de pobreza y de violencia extremas registrados desde hace varios años se conjugan en una amalgama de segregación territorial y desplazamiento forzado, forjada en los inicios de la ciudad como sitio turístico de renombre internacional, una política centralista que no ha cambiado pese a la alternancia de los partidos políticos en los tres niveles de gobierno.

La historia de Acapulco es de resistencia y de despojo, es la lucha por la vivienda y el espacio público contra el desalojo, por la tenencia de la tierra y la explotación de los recursos naturales.

El libro Acapulco un paraíso en el sur. Una ciudad en constante movimiento, coordinado por Agustín Carlos Salgado Galarza e Iliana Villerias Alarcón, nos regala pasajes de la disputa permanente por el territorio que conforma el municipio.

Uno de los aportes más significativos del libro es la evolución cartográfica del municipio, el crecimiento descomunal en unas cuantas décadas del siglo XX, las mismas en las que el PRI se consolidó como el partido-Estado que gobernó hasta los inicios del presente siglo.

El largo periodo del PRI va de la mano con la consolidación del proyecto posrevolucionario en sus diferentes etapas, en la primera conocida como el Milagro Económico Mexicano, Acapulco apareció como el balneario de la élite política del momento impulsora de una economía industrializadora del país.

Uno de esos sectores fue el turismo, conocido como la “industria sin chimeneas”, y en el que el primer presidente civil del país, Miguel Alemán Valdés, se basó para hacer crecer Acapulco supeditando los intereses sociales de las mayorías a los beneficios económicos de las minorías.

La expropiación de las tierras ejidales se convirtió en el eje que direccionó el crecimiento urbano de Acapulco, el cual poco a poco fue gestando la división territorial en dos municipios, uno de ellos la costera convertida en zona turística, y el otro el resto de las colonias, muchas de ellas creadas por la toma de tierras de los futuros vecinos de ellas.

Otro de los aspectos importantes del libro que nos convoca es la comparación de las acciones realizadas y no realizadas de los planes y programas urbanos de Acapulco, que suman 12 en menos de cien años. Al igual que en su tesis doctoral, Salgado Galarza explicita las múltiples políticas urbanas en Acapulco.




Como dice frecuentemente su colega arquitecto Manuel Ruz Vargas, no es que el municipio no haya sido planeado, sino que no se cumplieron los planes urbanos.

Aún falta analizar por qué las élites se avorazaron con Acapulco y no dejaron espacio para una planeación ordenada en la que las distintas capas sociales pudieran disfrutar del paraíso, como lo hicieron en otras partes del mundo.

No respetaron ni la tendencia internacional de prohibir los hoteles entre el mar y la carretera y no delante de ésta, como lo destacó el doctor Salgado Galarza en la entrevista que le realizó El Sur hace unos meses.

Una explicación de la insaciabilidad de la clase económica y política es la abundancia de los recursos naturales con la que cuenta el municipio, entre ellos dos ríos, dos lagunas, dos bahías y cerros, como se ha subrayado en el seminario sobre la puesta en valor del patrimonio cultural y natural de Acapulco que coordina Ruz Vargas y Luis Ramos en este auditorio.

En fin, el despojo de los recursos naturales con los que cuenta la población por unas cuantas manos es la mitad de la historia de Acapulco, la otra mitad es la resistencia del pueblo contra estos embates.

Como bien lo recuerdan los autores del libro, la culminación de la carretera en 1927 con conexión a la capital del país durante el gobierno de Plutarco Elías Calles, punto de partida del desarrollo del municipio costero, fue apoyada por los soldados de Juan R. Escudero; el presidente municipal socialista elegido en 1920 y asesinado en 1923 que luchó contra “el control económico y político que sobre el puerto ejercían ciertas familias españolas”, señalan Salgado Galarza y Villerias Alarcón.

Una de las compañeras de Escudero, María de la O, dirigió en 1946 una invasión de terrenos baldíos que se convertirían en la colonia Progreso, antiguo ejido urbanizado por la Junta Federal de Mejoras Materiales a través de una expropiación en 1947. Los demás terrenos ejidales adquiridos por el gobierno federal en el mismo decreto presidencial para la realización del Plan Regulador del Puerto de Acapulco, fueron Pie de la Cuesta, El Jardín, Santa Cruz, El Placer, La Garita, El Veladero, Las Cruces, El Marqués, Revolcadero e Icacos.

Fue precisamente en Icacos donde los ejidatarios se organizaron sin éxito para la defensa de sus tierras a mediados de la misma década, se destaca secuencialmente en el libro. Y en los años 50, Alfredo López Cisneros (Rey Lopitos), también luchó por la tierra y la vivienda en la zona convertida en la colonia La Laja.

El siguiente capítulo de la disputa por la vivienda y el territorio es la movilización a principios de la década de 1980 del Consejo General de Colonias Populares de Acapulco (CGCPA), contra el desalojo de los habitantes de las zonas altas del Anfiteatro hacia la colonia Ciudad Renacimiento que impuso el gobernador Rubén Figueroa Figueroa.

En esta línea de tiempo habría de incluir la lucha infructífera de los ejidatarios de La Zanja contra la expropiación de los terrenos convertidos en la zona Diamante por decreto presidencial en 1987, durante el gobierno de Miguel de la Madrid, quien inauguró la etapa neoliberal del país en la que se privilegió la privatización de áreas económicas estratégicas.

Desde la perspectiva del despojo y la resistencia se entiende que en la misma ciudad donde la opulencia concentrada en unas cuantas manos hizo crecer el municipio a su favor, también se practicaron los primeros Vuelos de la Muerte de América Latina, cientos de personas lanzadas al mar desde la Base Militar Aérea de Pie de la Cuesta en la década de 1970, por la política de contrainsurgencia con el fin de reprimir a los grupos guerrilleros.




La política de extractivismo sobrevivió a la salida del PRI. En 2003, la Comisión Federal de Electricidad (CFE) intentó imponer un proyecto hidroeléctrico en el río Papagayo, pero los campesinos de los Bienes Comunales de Cacahuatepec, organizados en el Consejo de Ejidos y Comunidades Opositoras a la presa la Parota (Cecop), lo impidieron pese a los asesinatos, las desapariciones forzadas y la criminalización acumulados durante más de dos décadas.

Como parte de la reconstrucción de Acapulco tras los huracanes Otis y John, el Ayuntamiento con financiamiento de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) impulsó este año la construcción de tres pozos radiales en el río Papagayo, sin consultar a los pueblos que viven alrededor, acusó el Cecop.

Hace unas semanas, el gobierno municipal y los campesinos acordaron avanzar en la obra con la condición de construir pozos de agua para algunas localidades de los Bienes Comunales que no cuentan con el servicio a pesar de vivir a orilla del río Papagayo. Cabe recordar que el vocero del Cecop, Marco Antonio Suástegui Muñoz, fue asesinado el 25 de abril pasado, semanas antes se había pronunciado en contra de los pozos radiales y no ha habido justicia.

El libro Acapulco un paraíso resulta muy pertinente por la puesta en marcha de esta reconstrucción que el gobierno morenista de Claudia Sheinbaum Pardo presentó en enero pasado como Acapulco se transforma contigo y que está comandada por el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur), con el fin de convertir el municipio en un Centro Integralmente Planeado (CIP).

Los CIP benefician a los ricos, señala un informe reciente de la organización Oxfam México, especializada en la investigación sobre la desigualdad económica. ¿Cómo se puede hablar de reconstrucción con tanta violencia y tanta pobreza? Miles de millones de pesos serán invertidos, pero ¿a quiénes beneficiarán?

La gran presencia de la Guardia Nacional, el Ejército, la Marina y la Policía Federal no ha logrado crear condiciones de paz y la marginación de las inmensas mayorías se mantiene porque, entre otras razones, el 59.6 por ciento de los trabajadores en Acapulco no cuentan con prestaciones laborales, de acuerdo con los datos más recientes del Inegi, y los servicios públicos están colapsados.

Los meteoros Otis y John evidenciaron la vulnerabilidad de la ciudad. Se dice que el huracán de 2023 fue democrático porque afectó a la sociedad en su totalidad, pero quienes murieron fueron vecinos de colonias marginadas, y quienes desaparecieron en el mar eran jóvenes cuyas familias aún no pueden tramitar una pensión porque la mayoría no tenía seguridad social.

Y el huracán John de 2024 también mató a habitantes de colonias precarias como La Libertad, Lázaro Cárdenas, entre otras zonas de riesgo, reflejo del caos y el frenesí con los que creció el municipio por el avance imparable del turismo y por la falta de medidas efectivas de qué hacer con tanta gente.




La actual reconstrucción de Acapulco ha generado otras protestas sociales como el Marinabus y el Jardín del Puerto, en este último grupos de ambientalistas, artistas y arquitectos se han pronunciado en contra del proyecto de la Asipona, empresa agrupada a la Secretaría de Marina que pretende convertir el emblemático espacio a un costado del Malecón en un centro comercial.

Son las nueva luchas por el territorio que se enmarcan en el largo historial de resistencia y despojo en Acapulco, lógica de la que no ha escapado la autodenominada Cuarta Transformación, pese a las expectativas de un gobierno emanado de la izquierda que debiera fomentar la democratización de la sociedad, es decir, la participación ciudadana y la superposición del interés de las mayorías sobre las minorías.

La reconstrucción de Acapulco suma apenas unos cuantos meses, pero parece privilegiar el turismo sobre otras áreas importantes de la sociedad, al igual que en el pasado. Hace falta estudiar detalladamente el ejercicio del poder por parte de la Junta Federal de Mejoras Materiales en la década de 1940, de la comisión que aplicó el Plan Acapulco en la década de 1970 y su evolución en el Fideicomiso Acapulco, y reflexionar bajo esta perspectiva las actuales acciones de Fonatur.

El libro coordinado por Salgado Galarza y Villerias Alarcón nos da pistas de esta continuidad histórica y de la profunda transformación que requerimos.

*Comentario del libro Acapulco un paraíso en el sur. Una ciudad en constante movimiento, coordinado por Agustín Carlos Salgado Galarza e Iliana Villerias Alarcón y presentado ayer dentro de las conferencias de la Feria Nao de este año.