El Plan B del clan Salgado
por la sucesión en 2027


Arturo de Dios Palma, Jesús Guerrero y Emiliano Tizapa
Chilpancingo
30 de marzo de 2026

 

En la historia política reciente de Guerrero, no ha habido un político que ambicione tanto ser gobernador como Félix Salgado Macedonio.

La historia es conocida: en 1993 fue el abanderado del PRD, en 1999 otra vez y, 22 años después, lo postuló Morena. Como ningún otro político, ha sido tres veces candidato a gobernador.

En la última candidatura, en 2021, Salgado Macedonio tenía casi todo a su favor: en las encuestas era el puntero; su principal contrincante, el priista Mario Moreno Arcos, no contó ni con el respaldo pleno dentro del PRI y tenía el apoyo del entonces presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

Pero las huellas de su pasado lo condenaron. Apenas comenzaba la campaña y explotó el escándalo: se filtró una denuncia que presentó una extrabajadora de La Jornada Guerrero, el periódico que compró después de que fue alcalde de Acapulco. La mujer, identificada como J.D.G., acusó a Salgado Macedonio de haberla violado en tres ocasiones en 2017, cuando era el director de ese diario. Luego surgió otra denuncia de otra mujer que también contó que 20 años atrás fue abusada por Salgado Macedonio.

Las dos denuncias lo persiguieron en toda la campaña; Morena no le quitó la candidatura, lo sostuvo y, desde las mañaneras, López Obrador lo protegió.

Su candidatura al final cayó por un asunto casi ridículo: el INE se la canceló por supuestamente no haber informado de sus gastos de precampaña. Salgado Macedonio se aferró y Morena accedió.

Cumplieron con el deseo de Salgado Macedonio como una de las prácticas más pestilentes de la clase política: el dedazo, la imposición. Simularon una encuesta y nombraron a Evelyn Salgado Pineda como candidata. Heredar la candidatura fue “nepotismo electoral”.

Pero en los hechos, Salgado Macedonio solo compartió la candidatura con su hija; siguió en campaña.

Salgado Pineda, “La Torita”, como la presentaron para vincularla con el mote de su padre, ganó la elección, se convirtió en gobernadora y en la Fiscalía General del Estado (FGE) se archivó la denuncia por violación agravada contra la ex empleada de La Jornada Guerrero.

En 2021, Salgado Macedonio perdió pero al mismo tiempo ganó. Su hija es la gobernadora, pero está a la vista que siempre ha compartido el poder con su padre. En el gobierno del estado está toda la estructura de Salgado Macedonio: están sus compadres, sus amigos, sus socios, sus cómplices, sus subordinados. Y es casi normal: a su hija la lanzó al ruedo sin contar con nada.

Salgado Macedonio y su hija convirtieron al gobierno del estado en un asunto familiar. Se convirtieron en un clan donde muchos familiares, amigos, socios y cómplices se están beneficiando. 

Van dos ejemplos. Uno: la gobernadora tiene como coordinador general operativo de la Oficina de la Gubernatura a Rubén Hernández Fuentes, su pareja sentimental. Y no solo eso: Hernández Fuentes ejerce funciones extraordinarias. Y no solo eso: Hernández Fuentes tiene a su hermano, Oscar, como director de Costos, Presupuestos, Licitaciones y Contratos de la Secretaría de Desarrollo Urbano, Obras Públicas y Ordenamiento Territorial (SDUOPOT).

Y no solo eso: ambos tienen una gran influencia en el reparto de la obra pública, cuando ambos tienen empresas constructoras.

Dos: que tal vez no sea nepotismo estrictamente, pero sí un conflicto de intereses y un tráfico de influencias, el periódico familiar, El Guerrero, que dirige Sol Salgado Pineda, hija de Salgado Macedonio, es uno de los más beneficiados con publicidad oficial del gobierno del estado que dirige Salgado Pineda, hermana de la directora del periódico.

A ese medio de comunicación casi ninguna institución le niega publicidad oficial; la razón: es propiedad de la familia Salgado.

El clan de los Salgado ha compartido el poder con otras familias; ejemplo, los Salinas.

A finales de 2024 fue nombrado como presidente del Tribunal Superior de Justicia Ricardo Salinas Sandoval, quien se convirtió en magistrado a propuesta de la gobernadora.

La familia Salinas ocupa un lugar predominante dentro del gobierno de Salgado Pineda. Su hijo, Ricardo Salinas Méndez, es oficial mayor de la Secretaría de Finanzas y Administración, un cargo que le inventó expresamente la gobernadora. Salinas Méndez es de los preferidos al punto que es promovido desde el gobierno del estado para que compita por la candidatura de Morena a la alcaldía de Acapulco.

Otro integrante de la familia Salinas es Arturo Salinas Sandoval, director de la Comisión Técnica de Transporte y Vialidad de Guerrero, un cargo clave dentro de la administración si tomamos en cuenta que parte de la estabilidad del estado está en el transporte público; si no, recordemos el inicio del 2024 cuando Acapulco, Chilpancingo y Taxco entraron en crisis por la parálisis del servicio.

En estos cuatro años y medio, Salgado Macedonio acumuló el poder suficiente para restituir una de las figuras más vergonzosas de la vida pública de Guerrero: al cacique.

En este tiempo, así se ha comportado Salgado Macedonio: como el nuevo cacique, como el hombre que controla todo, que dispone de todo. Ahora mismo tiene el control del gobierno de su hija, del Congreso local, del Tribunal Superior de Justicia, de la Auditoría Superior del Estado (ASE) y de parte del partido.

Le gusta que lo vean como nuevo cacique, como el nuevo Rubén Figueroa Figueroa; que le rindan pleitesía, que le rindan culto. No oculta su poder ni sus excesos; se sabe impune e intocable en Guerrero.

Pero pese a todo lo que ha acumulado, Salgado Macedonio no ha cumplido su mayor ambición: ser gobernador, que le digan gobernador. Ahora es el padre de la gobernadora, el que está detrás del poder, pero no es el gobernador.

Y eso no lo ha perdido de vista; todo lo acumulado lo ha usado para eso: desde que tomó protesta su hija como gobernadora, no ha dejado de estar en campaña, de inventarse cualquier pretexto para recorrer el estado, de aprovechar cualquier evento oficial para tener reflectores, de utilizar los recursos públicos para promover sus proyectos personales.

Ahora, en 2026, no es su pasado inmediato el que lo condena, es su presente: ser el padre de la gobernadora es el principal obstáculo para ser el candidato de Morena a la gubernatura.

Hace unos días, la presidenta de Morena, Luisa María Alcalde Luján, declaró en el programa radiofónico de Ciro Gómez Leyva que Salgado Macedonio no será incluido en los sondeos y encuestas que mande a realizar el partido para definir a los candidatos rumbo a la elección del 2027.

En 2025, la presidenta de la República, Claudia Sheinbaum Pardo, envió una iniciativa para eliminar la reelección y prohibir el “nepotismo electoral”, es decir, que los gobernantes en turno no puedan heredar sus cargos a un familiar. En el Congreso de la Unión, los morenistas y sus aliados, el PVEM y PT, aprobaron la reforma, pero en un artículo transitorio determinaron que se aplicaría hasta 2030.

En respuesta, Sheinbaum pidió al partido que incluyera ese criterio y lo aplicara en la elección inmediata, en 2027; Morena obedeció y en un consejo nacional se acordó.

Las reglas de Morena en este momento impiden que Salgado Macedonio pueda recibir de su hija la gubernatura. Pero el problema es que ese impedimento de Morena es apenas un reglamento, un lineamiento; no es una ley.

Pero, ¿por qué Morena y sus aliados aplazaron hasta 2030 la aplicación de esa reforma?

La respuesta es fácil: porque muchos de los que la aprobaron, incluido Salgado Macedonio, van a resultar afectados. Dicho más claro: no quisieron afectar sus negocios ni sus aspiraciones.

En el país hay tres casos evidentes: en Zacatecas, el senador Saúl Monreal busca sustituir a su hermano David; en San Luis Potosí, la senadora Ruth González Silva quiere que su esposo, el gobernador Ricardo Gallardo Cardona, le herede el cargo; y el caso de Guerrero. Los tres parecieran similares pero no lo son: el de Guerrero es el más grotesco. Que Salgado Macedonio sea el candidato y gane implicaría una reelección de facto.

Salgado Macedonio ya respondió a Alcalde Luján y ya hasta se desdijo. Primero le respondió a su estilo: con el ataque grotesco. La acusó de lo que él mismo hace: de que la familia Alcalde Luján está incrustada en el poder. Y eso es cierto, y eso revela la incapacidad ética y moral de los políticos para corregir los vicios de la clase política. Todos tienen cola que les pisen.

En la segunda respuesta, Salgado Macedonio dijo que lo que dijo él, no lo dijo. Como siempre: fue la prensa la que tergiversó todo. Eso es mentira. Salgado Macedonio sí dijo lo que dijo: acusó a Alcalde Luján de formar parte de una familia incrustada en el poder.

Pero después de negar lo que dijo, Salgado Macedonio no hizo acuse de las declaraciones de Alcalde Luján; dijo que mientras a él no le hablen o no lo manden a traer y le digan en su cara que no puede ser el candidato, seguirá en las mismas: en campaña, pues.

Luego se echó su cantaleta legaloide. Dijo que tiene derecho a ser votado, que en la ley no existe ningún impedimento para el nepotismo electoral, que un reglamento no puede estar por encima de la Constitución, que el pueblo manda, que es de Morena y que no se va a ir del partido.

En todo ese rollo, Salgado Macedonio habló del caso del PVEM en San Luis Potosí, donde la esposa del gobernador lo quiere sustituir. Dijo que en ese caso Morena no debe meterse ni tampoco condicionar la alianza electoral entre el PVEM, PT y Morena.

Lo dijo rápido, sin tanto énfasis, pero lo dijo y eso no es menor. Salgado Macedonio, entre líneas, se está abriendo otra puerta: si Morena le prohíbe ser el candidato, el PVEM o PT pueden ser sus salidas.

En otras palabras: si lo postula el PVEM o PT, Morena no debería meterse y, hasta, apoyarlo y todo resuelto. Morena no tendría un candidato que incurra en el “nepotismo electoral”.

Salgado Macedonio busca nuevas salidas porque sabe que, a diferencia del 2021, el escenario es aún más favorable para él y, sobre todo, irrepetible. Sabe que nunca más podrá tener el control de todos los poderes públicos del estado y de sus estructuras y sus presupuestos. Sabe que nunca más podrá meter las manos en el gobierno del estado como lo está haciendo; sabe que no es lo mismo negociar con empresarios, incluso con líderes criminales, siendo el padre de la gobernadora que un candidato más. Salgado Macedonio sabe que ahora tiene todo un ejército de seguidores y operadores a los que empleó en el gobierno de su hija y que podrá utilizar en campaña.

Salgado Macedonio sabe que esta puede ser su última oportunidad para cumplir su ambición; sabe que no habrá otra vez un escenario igual. Por eso, nadie debe pensar que va a acatar lo que declaró Alcalde Luján. Salgado Macedonio ignora cualquier comportamiento ético o moral; quiere ser gobernador y lo buscará hasta el final.

No descartemos que si no puede ser el candidato del PVEM, del PT o de Morena, lo sea del PRD o de MC. Lo peor es que hasta con esos partidos políticos Salgado Macedonio podría ganar, porque lleva ventaja sobre todos, porque tiene el control, porque su hija echará toda la maquinaria del gobierno del estado para que su padre cumpla su ambición. En política no se puede descartar nada; menos cuando estamos ante políticos sin principios, sin definición ideológica, sin convicción, sin decencia.

Lo único que se vislumbra que podría detener a Salgado Macedonio sería un manazo en Palacio Nacional. Que la presidenta se imponga; y tiene muchos argumentos para hacerlo. Salgado Macedonio y su hija han encabezado un gobierno paupérrimo en resultados. No han resuelto casi nada; ese gobierno no resiste una revisión seria: se enquistó aún más la corrupción, se mantuvieron las viejas prácticas y vicios, el estado sigue igual de empobrecido y de violento.

Salgado Pineda ha sido una gobernadora casi ausente, atrincherada, lejana de la realidad.

Por eso es pertinente preguntarse, más allá de los truculentos movimientos de la política, ¿los guerrerenses deben darle una oportunidad más a Salgado Macedonio?

 

 

Chirrionazo

Luego de que el 11 de marzo en una conferencia en Acapulco, Yesenia Salgado Xinol y Jonathan Márquez Aguilar acompañaron a Galdino Nava para exigir la destitución del dirigente estatal de Morena, Jacinto González Varona, la secretaria general y el secretario de Organización fueron separados de sus cargos desde la dirigencia nacional del partido.

Tanto Salgado Xinol como Márquez Aguilar son cercanos al senador Félix Salgado Macedonio. En el fondo, lo que pelean es la definición de las candidaturas y es que según fuentes de Morena, el candidato a gobernador o coordinador estatal tendrá la facultad de nombrar al 60 por ciento de candidatos y candidatas a diputados, mientras que el otro 40 por ciento lo designará el partido.

Lo que disputan Salgado Macedonio y González Varona es la dirigencia estatal para que puedan maniobrar las candidaturas para sus allegados.