En Guerrero el sarampión azota
a los más pobres y olvidados



Arturo de Dios Palma
Fotografía: Tlalchinollan
Chilpancingo
11 de febrero de 2026

 

El brote de sarampión más fuerte en Guerrero está pegando a los más pobres de la región más pobre: a los jornaleros agrícolas de la Montaña.

“En la comunidad somos como 450, pero calculo que unos 300 ya se contagiaron de sarampión”, cuenta Felipe Mendoza, poblador de la comunidad Joya Real, del municipio de Cochoapa El Grande, en la región de la Montaña. 

Felipe Mendoza recuerda que los primeros casos de sarampión en Joya Real se registraron a principios de julio. Fue una familia de jornaleros agrícolas que venían llegando de trabajar en el corte de verduras en el estado de Chihuahua. 

“Ellos llegaron infectados; allá la Secretaría de Salud de Chihuahua les hizo el estudio y se lo detectó, y se regresaron para el pueblo, por eso sabemos que es el sarampión”, cuenta.

Ahí comenzó todo y desde entonces, en Joya Real no han parado los contagios de sarampión. Esta comunidad está conformada netamente por jornaleros y jornaleras; todos salen a los campos a otros estados a buscar algo de trabajo. Pese a los contagios, dice Felipe Mendoza, los pobladores no han parado sus recorridos. 

Felipe Mendoza cuenta que desde septiembre los contagios se aceleraron: familias completas se han contagiado; primero comienza un hijo, luego un padre, sale el hijo y luego la mamá y así van.

 —¿Cómo le han hecho para curarse? 

 —Pues compran medicina, lo que es paracetamol, loratadina, nada más eso: para bajar de fiebre y para ardor y para la comezón compran loratadina.

En Joya Real no tienen para dónde hacerse. Cuentan con un centro de salud pero no tienen médicos ni enfermeras desde hace casi nueve años. El más cercano está en la cabecera municipal a unas tres horas pero, dice Felipe Mendoza, ahí nunca los ayudan, siempre les condicionan el apoyo. 

“En Cochoapa El Grande si no les ayudaste en sus campañas (electorales) no te quieren ayudar, así siempre ha sido, si ellos ubican que no les ayudaste te ignoran, por eso la gente que tiene carro se van a Tlapa o a Ometepec a las farmacias particulares, ahí es donde les recetan el paracetamol y la loratadina”, dice. 

A Joya Real, dice el poblador, apenas el 11 de diciembre llegó una brigada de vacunación; sólo estuvo tres horas. Llegaron a las 11 de la mañana y a las 2 se fueron. Felipe Mendoza afirma que apenas alcanzaron a vacunar contra el sarampión a unas 60 personas. 

“Les dijimos que se quedaran más tiempo, que había gente trabajando, pero aun así se fueron”. 

Antes, en Joya Real no han tenido ningún tipo de ayuda, ninguna autoridad acudió ni siquiera a realizarles las pruebas para confirmar los contagios. 

Felipe Mendoza enfatiza en algo: “Necesitamos ayuda porque lo que está pasando en Joya Real ya comenzó a pasar en otros pueblos de la región, se está propagando rápido”. 

 

 

 En diciembre, la Secretaría de Salud de Guerrero ubicó a los municipios de la  Montaña con el mayor número de casos de sarampión confirmados. 

El grueso de los casos estaba concentrado en los dos municipios más pobres de todo el estado: Cochoapa El Grande con 83 y Metlatónoc con 24.  

En la Montaña los contagios de sarampión pueden ser muchos más de los que está registrando la Secretaría de Salud. El ejemplo de Joya Real se puede multiplicar en toda la región: pueblos con brotes de contagios de sarampión que ninguna autoridad llega a confirmar a través de pruebas, menos a registrarlos en sus conteos. 

Los contagios de sarampión no han podido ser controlados, de acuerdo a una revisión a los informes diarios de la Secretaría de Salud Federal. En seis meses, Guerrero pasó de tener cinco casos de sarampión confirmados a 225. El aumento fue imparable, así lo dicen las cifras: el 15 de julio se reportaron cinco casos confirmados; el 15 de agosto, 25; el 15 de septiembre, 51; el 15 de octubre, 73; el 15 de noviembre, 128 y para el 15 de diciembre la cifra se desbordó: 225 casos.

En 2026 la tendencia de contagio continúa: el 15 de enero registraron 248 confirmados y, hasta el 9 de febrero, se sumaban 33 casos más, es decir: 281. 

El 15 de julio Guerrero ocupaba el lugar número once de la lista de contagios confirmados de todo el país, el 15 de diciembre, estaba situado en el número tres. 

 

 

Alfonso, el nombre ficticio de un médico de la Secretaría de Salud de Guerrero que trabaja en un pueblo de la Montaña que pidió cambiar su nombre para evitar represalias, cuenta que 90 por ciento de los contagios de sarampión en toda la Montaña se registraron en jornaleros y jornaleras. 

El médico explica que hay dos razones fundamentales por las que los jornaleros y jornaleras han sido los más afectados por el sarampión en la Montaña y en todo Guerrero. Una, dice, es su movilidad. Comenta que desde la pandemia por Covid-19 los jornaleros y jornaleras cambiaron su dinámica. 

Antes, dice, había por lo menos dos temporadas en el año donde salían a trabajar a los campos de los estados del norte del país. La que iniciaba en agosto y terminaba en enero era la más importante: salían hasta unas 14 mil personas, entre hombres, mujeres y niños y niñas. 

Ahora, dice Alfonso, ya no hay temporadas, todo el año están saliendo. El éxodo de jornaleros y jornaleras es permanente. 

“Cuando estaba la pandemia, como no había clases, comenzaron a irse a trabajar en un campo, por ejemplo, en Guanajuato, terminaban y de ahí se iban a Michoacán y si les salía trabajo en Sinaloa se iban, antes sólo iban a trabajar a un campo y regresaban”, explica. 

Alfonso cuenta que antes de la pandemia casi todos los jornaleros y jornaleras pasaban a Tlapa a registrar sus salidas en la Casa del Jornalero; ahora ya no lo hace por dos causas: porque crearon sus propias rutas y porque las autoridades dejaron de darles apoyos. 

“Antes la Secretaría del Trabajo los registraba y en la salida les daba mil pesos, si registraban su regreso les daban otros mil pesos, ahora ya no les dan nada y por eso ya no ven algún interés pasar por la Casa del Jornalero”. 

Eso, explica el médico, ha complicado todo para poder controlar contagiados de sarampión, no saben cuándo salen y cuándo entran los jornaleros y jornaleras. 

“No tener el control, el registro ha complicado identificar dónde está el mayor número de contagios y, sobre todo, dónde están los contagiados”, dice. 

La segunda razón por la que los jornaleros y jornaleras han sido los más afectados por el sarampión se debe a su condición de pobreza, al abandono que han vivido desde hace años.

Alfonso explica que la mayoría de los jornaleros y jornaleras no cuentan con ninguna de las dos vacunas contra el sarampión, ni con la inicial, que se aplica al primer año, ni la del refuerzo que se pone entre los 6 y los 10 años. 

“A los que hemos detectado llegan sin vacunas, bueno están llegando sin cartillas de vacunación, sin ningún tipo de vacuna”. 

Alfonso explica que desde julio se estableció un módulo de vacunación contra el sarampión en la Casa del Jornalero y que el personal de ese módulo tiene la indicación de vacunar y de darles la cartilla de vacunación a todos. 

El médico afirma que no cuentan con la cartilla de vacunación por una simple razón: en la mayoría de los pueblos no hay Centros de Salud y, donde los hay, no cuentan con médicos, ni enfermeras, mucho menos medicamentos. 

“En la población de jornaleros la vacunación va demasiado atrasada, ahorita hay muchas vacunas pero el problema es que para ellos llegó varios años tarde, por eso les está pegando mucho, acá pensamos que iba a pegar duro en Tlapa, pero no ocurrió. ¿Y por qué no ocurrió? Porque en Tlapa por lo menos la gente tiene la primera vacuna y eso los protegió”, dice. 

 

La Montaña está integrada por 19 municipios y la habitan 406 mil 048 personas. En toda la región hay un solo hospital de segundo nivel, está en Tlapa y en siete municipios hay hospitales básicos comunitarios, en el resto: centros de salud y unidades médicas. En todos faltan médicos, medicamentos e insumos. De acuerdo a informes del gobierno federal 93.67 por ciento de la población de la Montaña no cuenta con alguna seguridad social.

La mayoría de los municipios de la Montaña están en condiciones de pobreza, pero Metlatónoc, junto con Cochoapa El Grande, son los más pobres entre los pobres.

Según el último informe del Coneval en Cochoapa El Grande 84 por ciento de sus habitantes viven en pobreza extrema, es decir: ocho de cada diez no cuenta con recursos para satisfacer sus necesidades mínimas como comer tres veces al día. 

Los niños y las niñas en la Montaña son los más vulnerables ante la falta de servicios médicos y las condiciones de pobreza.

Al mes, en el Centro de Salud del municipio de Metlatonoc dan unas mil consultas, médicos que laboran ahí calculan que 60 por ciento de la atención es a niños y niñas por problemas de deshidratación por diarrea y neumonías.

Eso no es casual, dice un médico que pide el anonimato para evitar represalias de la Secretaría de Salud estatal. Explica que las deshidrataciones se deben a diarreas mal cuidadas, provocadas porque los menores no tienen agua potable en sus casas.

También son niños que están al cuidado de los abuelos porque sus padres se fueron a trabajar de jornaleros.

“Los abuelos hacen lo que pueden, ya no tienen la fuerza suficiente, y luego los padres no les mandan dinero suficiente”, detalla el médico.

Otra razón, que es el origen de todo, es la pobreza. Los niños llegan hasta la deshidratación porque los padres o los abuelos no tienen dinero para viajar a la cabecera municipal. Un traslado les puede costar hasta mil pesos.

“Muchos esperan, les dan remedios caseros con la esperanza que se recuperen, porque no tienen dinero o no quieren pedir prestado, pero al final llegan acá con un cuadro muy grave”, dice el médico.

En el caso de las neumonías, son niños que viven en casas precarias, de paredes de madera y techos de lámina, donde el frío entra con libertad.

La otra razón es obvia: la falta de médicos. Si los pobladores tuvieran uno cerca no tendrían que esperar ni endeudarse.

Una razón más: la mala alimentación. Los niños comen lo que pueden.