Guerrero: debilidad institucional complica
la contención del gusano barrenador
Emiliano Tizapa Lucena
Chilpancingo
3 de febrero de 2026
“Todo comenzó en diciembre de 2025. Apenas tres días después del nacimiento de un becerrito, noté que tenía el ombligo inflamado; al principio, pensé que se trataba de una infección común. Decidí lazarlo para revisarlo de cerca y fue entonces cuando descubrí que tenía el gusano barrenador. Eran larvas de unos dos o tres centímetros de largo que ya habían perforado un agujero de aproximadamente cinco centímetros de diámetro en el ombligo del animal”, relata Arturo Bahena, dirigente de la Unión Nacional de Trabajadores Agrícolas (UNTA) en el municipio de Marquelia, en la Costa Chica.
Bahena explica que ya existía conocimiento previo a través de redes sociales sobre la afectación de la plaga en la Costa Chica, aunque en Marquelia no se habían registrado casos.
“Ahora, en casi todos los ranchos ha habido brotes”, lamenta.
Tras la detección, Bahena acudió con un veterinario quien le recetó “Negasunt”, un polvo cicatrizante e insecticida.
“Yo desconocía cómo tratarlo. El médico me instruyó en los cuidados: usar guantes, pues aunque el contacto directo no infecta al humano, una herida abierta puede ser blanco para que la mosca deposite sus larvas. Sacamos las larvas, las conservamos en alcohol y tratamos al animal con antibióticos”, detalla el dirigente.
El polvo para la curación le costó 800 pesos y el becerro sanó en ocho días. Sin embargo, para mediados de enero de 2026, Bahena enfrentó un segundo caso, esta vez en una vaca de tres años.
La causa, según el diagnóstico médico, fue un ave local conocida como “Chicurro”, que se alimenta de garrapatas. Al arrancar el parásito del lomo de la vaca, el ave dejó una pequeña herida que la mosca aprovechó.
“Cuando me di cuenta, ya tenía un hoyo de unos siete centímetros de diámetro”, relata.
En la delegación ganadera de Marquelia, asegura Bahena, un médico del Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) impartió una capacitación los primeros días de enero, les dejó su teléfono y frascos para guardar el gusano barrenador.
“De inmediato hice el reporte a ese número que me dio, al siguiente día llegó y afortunadamente alcanzó a ver el animal. Le puso antibiótico porque la herida ya era grande”.
Arturo Bahena tiene 55 años de edad, cuenta que entre 1980 y 1990 el gusano barrenador era una plaga en el país.
“En aquellos tiempos pasaban las avionetas por la Costa Chica tirando unas cajas. Nosotros íbamos a ver qué caían esas cajas y eran puras moscas, las abríamos y traía alimentos, traía agua. Con eso se erradicó la plaga, ya no había hasta esta época. Aquí en Marquelia específicamente a mi rancho llegó en diciembre de 2025”.
Para el ganadero es preocupante que no se pueda contener la plaga.
“En Marquelia, en el 2005 más o menos, se contabilizaron casi las seis mil cabezas de ganado, de las cuales la mayoría están en la parte alta del municipio, hacia San Luis Acatlán. Mi hato ganadero son 50. El gusano barrenador me ha afectado dos animales y estoy pendiente para que ya no caiga otro más”, dice el productor.
Lo que más alerta a Bahena es que en el municipio vecino de Copala se difundió que una persona también se infectó con el gusano barrenador.
“A los compañeros ganaderos la invitación es que reporten sus casos, que tengan confianza en el gobierno y si no hay confianza, hay que exigirle al gobierno para que libere más moscas estériles y se acabe. Porque esto está iniciando apenas, habrá regiones donde se va a multiplicar muchísimo el gusano. La recomendación es que si algún ciudadano, hombre, mujer o niño tiene heridas, las cure; porque la mosca le va a llegar, ya anda deambulando por aquí”.
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Al corte de la semana epidemiológica número cuatro de 2026, la Senasica informó que Guerrero ocupa el cuarto lugar con 92 casos activos de gusano barrenador.
La entidad se ubica solo detrás de Oaxaca que está en primer lugar con 169 casos activos; le siguen Chiapas con 147 y Veracruz con 129.
Por municipio, la Senasica registra casos activos en Ayutla de los Libres con ocho casos activos, al igual que Coyuca de Benítez, Tecpan de Galeana y Tlacoachistlahuaca; en Azoyú y Juchitán se contabilizan siete; Igualapa con cinco; Acapulco con cuatro; Chilpancingo, Marquelia, Petatlán y San Marcos con tres cada municipio.
En el caso de Arcelia, Atoyac, Coyuca de Catalán, Cuajinicuilapa, Juan R. Escudero, La Unión, San Luis Acatlán se reportan oficialmente dos casos activos respectivamente; mientras que Ajuchitlán del Progreso, Apaxtla, Benito Juárez, Buenavista de Cuéllar, General Canuto A. Neri, Huitzuco, Leonardo Bravo, Ometepec, Quechultenango, San Miguel Totolapan y Zihuatanejo cuentan con un caso activo cada uno ante la Senasica.
Según el organismo, Guerrero por casos acumulados suma oficialmente 308 reportes de gusano barrenador y se coloca en el octavo lugar, lejano aún de Chiapas que encabeza la lista con 5,699 casos acumulados o del vecino estado de Oaxaca que suma 2,405, que se ubica en el segundo puesto.
Según el mapa interactivo de la Senasica, Guerrero está en la zona de amortiguamiento de contención de la plaga del gusano barrenador.
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El biólogo y auxiliar de Vigilancia Epidemiológica del gobierno municipal de Chilpancingo, Leonardo López, explicó que el gusano barrenador es transmitido por una mosca que pone sus huevecillos en pequeñas heridas de casi cualquier mamífero.
“Necesita una herida tan pequeña como la cicatriz que deja una garrapata. Con ese hoyito es suficiente para que ponga su huevo. Los especialistas en este tipo de moscas dicen que probablemente alcancen hasta los 3,000 huevecillos por hembra de mosca, o sea, una mosca podría infectar a montones de mamíferos”.
Pero esta plaga no sólo afecta a las zonas ganaderas, también existe el contagio en zonas urbanas.
Chilpancingo, según la Senasica, reporta cinco casos confirmados de gusano de barrenador: cuatro en vacas y uno en un perro, esto a pesar de que el municipio no es considerado una zona ganadera.
En Chilpancingo, dice el biólogo, hay un registro de entre 90 y 60 mil perros ferales, es decir, que viven libres, sin dueño, sin cuidados ni vigilancia.
“Resulta que (el gusano barrenador) le está cayendo también a perros y gatos. Y como los dueños no esperamos ver ese tipo de lesiones, también nos damos cuenta tarde y pueden sufrir los animales. Es importante que los animalistas que, por ejemplo, tienen refugios, sepan que existe y sepan a quién acudir”.
Pero, ¿a quién acudir? De acuerdo con el biólogo, en Guerrero solamente hay nueve veterinarios capacitados y certificados para la atención adecuada del gusano barrenador, principalmente en las zonas ganaderas, Tierra Caliente, Costa Chica y Costa Grande. En Chilpancingo, hay dos veterinarios, que asegura, se han capacitado al respecto por iniciativa propia.
“No tarda en ocurrirnos un brote si no nos ponemos a hacer algo. Eso quiere decir, pues que haya comunicación entre las dependencias, tanto de salud como de producción alimenticia”.
– ¿A qué se debe que el gusano barrenador revivió en Centroamérica y en México?
–Las condiciones naturales de las selvas tropicales donde son originarias estas moscas ha cambiado, la actividad humana ha cambiado, las temperaturas promedio, las precipitaciones en diferentes áreas, algunas se han vuelto más secas, otras se han vuelto más húmedas y todos esos cambios abren nuevos espacios donde la mosca puede entrar y si encuentra alimento para sobrevivir, en este caso el alimento para sus larvas que son el ganado, las mascotas y las personas, empieza a ganar espacio.
“El problema del gusano barrenador es que por lo regular el ganadero tarda mucho en darse cuenta de un animal infectado y cuando el gusano entra en la herida, en una o dos semanas va comiéndose la carne y deja que entren otras bacterias, hongos y virus, que enferman a los animales. Los humanos no estamos exentos de que nos caiga una larva y si no la atendemos a tiempo, podría crearse una herida bastante grave y podría llegar a ocasionar la muerte por infección. Estamos lejos de eso y lo que estamos tratando de hacer el sistema médico nacional es alertar a todos los niveles de atención de salud para que estén preparados”.
Según los reportes de la Senasica, el gusano barrenador tiene presencia en toda la zona tropical de México, afectando no sólo a vacas, sino a caballos, ovejas, cabras, marranos y humanos.
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El 24 de enero de 2026, el gobierno municipal de Copala informó en un comunicado que presentaba el primer caso de gusano barrenador en un hombre de escasos recursos económicos, que no tenía buena higiene y a quien le hicieron una prueba enviada para su estudio a la Senasica.
El gobierno municipal de Copala añadió que al hombre se le envió a Acapulco para su atención médica.
El gobierno de Evelyn Salgado Pineda respondió al respecto hasta el 25 de enero mediante un comunicado de la Secretaría de Salud, en el que trató el tema con reserva y calificó el caso como “probable”.
Se buscó vía telefónica la versión de la secretaria de Salud de Guerrero, Alondra García Carbajal, quien se negó a responder. También se buscó vía telefónica al director de Salud del municipio de Copala, Marcelino Rafaela Bustos, quien también se negó a responder.
Rafaela Bustos declaró el 28 de enero para el periódico El Sur Acapulco que el hombre identificado sí “tenía datos de miasis” de gusano barrenador.
Hasta el momento, el caso del hombre en Copala con miasis por gusano barrenador continúa bajo hermetismo por las autoridades locales, estatales y federales.
En México, según el informe semanal de Senasica, de los 748 casos activos, cinco son en humanos. En el acumulado de 14,836 casos registrados 117 han sido reportados en humanos en el país.
El próximo viernes 6 de febrero se actualizarán los datos de Senasica y, se confirmará si Guerrero contabiliza su primer caso.
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El primer caso de gusano barrenador en México durante el brote reciente se detectó el 24 de noviembre de 2024, fue en un bovino en un centro de verificación e inspección zoosanitaria en Catazajá, Chiapas, muy cerca de la frontera con Guatemala.
Como consecuencia, Estados Unidos suspendió temporalmente la importación de ganado mexicano.
Antes de llegar al país, la plaga “subió” desde Panamá afectando a varios países, entre ellos a Guatemala, donde se reportó el primer caso el 29 de octubre en el municipio de Los Amates, Izabal; en Honduras se declaró emergencia sanitaria en septiembre de 2024 tras detectar los primeros brotes; en Costa Rica se reportaron los primeros casos en humanos en marzo y junio de 2024.
De acuerdo con información oficial, México fue pionero en la producción de mosca estéril para combatir la plaga del gusano barrenador en la última década del siglo pasado.
La planta encargada de ello se ubicaba en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, la cual cerró oficialmente en 1999, ocho años después de erradicar formalmente al gusano barrenador de México.
Fue en 2003, cuando se firmaron los acuerdos finales para que la barrera biológica pasara de México a Pacora, Panamá, donde se construyó la Comisión Panamá – Estados Unidos para la Erradicación y Prevención del Gusano Barrenador del Ganado (COPEG).
El objetivo del traspaso era contener en el Istmo de Panamá la plaga, ya que es un punto geográfico estrecho y fácil de vigilar el Tapón del Darién.
En la planta de Pacora se crían millones de moscas que son esterilizadas mediante radiación en estado de pupa. Las moscas liberadas desde aviones al aparearse con moscas silvestres no producen descendencia, lo que causa que la población de la plaga disminuya drásticamente hasta desaparecer de una zona.
El 23 de enero de 2026, en la página oficial de Facebook, la Senasica informó que funcionarios federales en conjunto con la USDA Animal and Plant Health Inspection Service, supervisaron el reacondicionamiento de la planta de producción de moscas estériles contra el gusano barrenador en Chiapas, que comenzará a operar a mediados de este año.
“Con el 50 por ciento, el proyecto avanza en tiempo y forma. La nueva planta nos permitirá liberar 200 millones de moscas a partir del segundo semestre de 2026, con lo cual se fortalece la estrategia de erradicación de la plaga”, expuso la Senasica.
El 28 de enero, en una conferencia de prensa, integrantes de la Asociación Ganadera de Acapulco alertaron que tenían más de 500 casos positivos de gusano barrenador en ganado y 35 animales muertos, llamaron a las autoridades federales a contener el avance con la reapertura de las fábricas de moscas estériles.
Precisaron que los casos se registran en la zona rural de Acapulco, en comunidades como los Bienes Comunales de Cacahuatepec, Dos Arroyos, El Camarón, Los Guajes, Sabanillas, Piedra Imán, La Providencia, Xaltianguis, Las Marías y Pablo Galeana.
En su reporte de casos acumulados de la Senasica, Guerrero suma 308 casos de gusano barrenador; por municipio, Acapulco se ubica en el cuarto lugar con 18 casos acumulados oficialmente.
La lista la encabeza Cuajinicuilapa con 41 casos oficiales acumulados, Ometepec con 39 y San Marcos con 21.
Gregorio Portillo Mendoza, delegado en Guerrero de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), asegura que “es complejo” sin una muestra oficial de la Senasica verificar los 500 casos reportados por los ganaderos de Acapulco.
Además, sostiene que en estos momentos la plaga del gusano barrenador no se ataca con dinero sino que la única forma de contenerla es con la dispersión de la mosca estéril.
“El problema no es que no haya recursos para comprar un mosquito estéril, podemos comprar muchísimo mosquito estéril. El problema es que no existe, no se produce. Se está produciendo en Panamá, pero es insuficiente para todo el continente”.
Sin embargo, la liberación de mosca estéril en México, de acuerdo con el delegado federal, se está haciendo con razón del número de reportes.
“Aquí en Guerrero solo se ha dispersado (mosca estéril) en la zona de Ometepec y Cuajinicuilapa, porque es donde superan los 30 reportes en cada municipio. A nosotros nos perjudica mucho que no tengamos reportes porque eso hace que la programación de la liberación de la mosca estéril se esté dando en otros territorios”.
Portillo Mendoza sostiene que de forma paralela, la Sader destinó en 2025 nueve millones de pesos para el trampeo y brigadas de barrido, es decir, en la revisión animal por animal en cada uno de los ranchos en las zonas afectadas o cercanas a casos positivos.
“Obviamente esta brigada es insuficiente para todo el estado por el tamaño. Por ello dependemos en gran medida del apoyo o la colaboración de los ganaderos con sus propios animales: la vigilancia, el curar heridas, el contener la plaga, en tanto, podemos tener la suficiente liberación de mosca estéril”.
De acuerdo con el funcionario, la Sader tiene brigadas en Costa Chica, Costa Grande y Tierra Caliente, las zonas más ganaderas de Guerrero.
“En estos momentos es corresponsabilidad entre las instituciones y dependencia y los productores. La obligación de curar una herida de un animal que no esté expuesta, que no esté atrayendo la mosca, también es del ganadero, no solamente de la Federación”, sostuvo.
–¿Cuál es el riesgo de contagio en humanos?
–Los casos que se han dado en humanos son generalmente, no es una ley, pero generalmente se dan en personas en situación de calle, es decir, personas en una situación muy vulnerable, en abandono, que tienen heridas expuestas y que no se hacen curaciones. Una herida con antiséptico no es susceptible que la mosca ovoposite, porque obviamente se moriría la larva. Se trata de personas que no son atendidas, También pasa lo mismo con los perritos de la calle, que están abandonados y que tienen una herida expuesta, que nadie la cura, que nadie aplica ni violeta de genciana, ni azul de metileno, ni ningún tipo de cicatrizante o insecticida.
Para el delegado de la Sader en Guerrero la coordinación con el estado y los municipios sobre la información y concientización del gusano barrenador es fundamental para contener la plaga hasta que no se tenga y libere la mosca estéril necesaria.
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De acuerdo con un experto y funcionario del gobierno de Guerrero que pidió omitir su nombre por seguridad, la crisis del gusano barrenador se complica en la entidad porque tiene fronteras pecuarias “débiles” con el Estado de México, con Morelos, con Michoacán y con Oaxaca, porque no hay atención suficiente, realmente capacitada y complica la contención de la plaga.
Esto se suma a que algunos ganaderos “son muy cerrados”, sobre todo por el mercado negro de la carne.
“El mercado negro de carne es una realidad y no sólo eso, es un problema, que incluye una dinámica económica no solo regida por un grupo sino con ello vienen los poderes fácticos (el crimen organizado) que controlan todo: entrada, salida, nutrición, distribución, destajo y venta”, sostiene el funcionario.
Según el funcionario, no es fácil que las autoridades verifiquen la sanidad de los hatos ganaderos, que pongan un arete, un chip, los registren, les cobren la cuota y los saniticen.
“Esto impediría que el mercado negro pueda abaratar la carne en algunas regiones del estado.
Por ejemplo, en Acapulco el rastro alguien lo maneja, no se sabe quién, ni cómo y las organizaciones municipales hacen matanzas de animales en la calle, hay fotografías, hay videos, donde en El 30, en Garrapatas, en El 42, en la zona rural de Acapulco, la venta de la carne es así”.
Recalca que el mercado negro no permite que las autoridades se involucren.
“Ya te puedes imaginar lo que ocurre cuando un grupo de estos ganaderos oscuros, por decirlo de una manera, se acercan a un PBI. Te imaginarás lo que ocurre con el inspector sanitario. Súmale la deficiencia técnica, la deficiencia de personal”.
La crisis emergente por el gusano barrenador apenas está ganando terreno; la contención es insuficiente.
De acuerdo con los entrevistados todo depende de la producción de la mosca estéril y su distribución, pero estiman que el problema vaya en aumento y esté presente cuando menos el resto del sexenio de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.