Policías municipales, entre
el crimen y la impunidad




Arturo de Dios Palma, Jesús Guerrero y Emiliano Tizapa
Chilpancingo

9 de febrero de 2026

 

 

La mañana del 20 de enero, Vianey Ramírez Victorino explotó en la puerta de la oficina del tercer visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos (Coddehum), Román Jaimes Contreras. Clamó ayuda, apoyo, acompañamiento a la Coddehum hasta el llanto. Aseguró que ha solicitado más de 30 veces una audiencia con la presidenta de la comisión, Cecilia Narciso Gaytán, pero la ha ignorado.

Esa mañana llegó desesperada, harta, al borde. Minutos antes, policías municipales de Chilpancingo llegaron al mercado Baltazar R. Leyva Mancilla y le quitaron parte de la mercancía que vende: ropa y juguetes. No la dejaron ni instalar su puesto ambulante cuando los agentes ya la habían despojado.

Esa mañana, entró directo a la oficina de Jaimes Contreras. Jaimes Contreras la topó en la puerta, ni siquiera le permitió entrar. Ahí Vianey gritó, lloró, desbocó su frustración, su coraje. Lamentó que la Coddehum tenga una postura tan débil ante los policías municipales que la detuvieron ilegalmente, golpearon, violentaron sexualmente, robaron y, que desde entonces, no la han dejado de hostigar, de amenazar, de extorsionar. Fue un grito desesperado. Un grito que tiene más de un año.

Jaimes Contreras soltó la muletilla que todas las autoridades utilizan de manera recurrente, ese eufemismo que verbaliza la impunidad aplastante: “Su caso se está investigando”.

Hace un año, Vianey no se imaginó que la llamada de emergencia que hizo a la Policía de Chilpancingo sería el inicio de una de sus peores pesadillas. 

Esta es la relatoría de los hechos que forman parte de la recomendación 031/2025 que la Coddehum emitió contra los policías municipales. Eran las 7:30 de la noche del 16 de febrero de 2025. Vianey llegó a su casa después de vender en su puesto en el mercado Baltazar R. Leyva Mancilla. Fuera de su casa estaba un grupo de hombres, todos bebiendo, estaban sin playeras. Abrió la puerta de su casa y después fue a la de su vecino a recoger su mercancía. Cuando regresó, uno de los hombres que estaba orinando en su baño.

Vianey le reclamó que se haya metido sin permiso a usar su baño. El hombre se burló de ella.  A las 7:43, llamó al número de emergencia 911 para pedir auxilio. La patrulla no llegaba, insistió otras tres veces. A las 8:03 llegó una patrulla de la Policía de Chilpancingo. Los agentes saludaron amistosamente al grupo que Vianey denunció. Se los llevaron afuera de la casa del vecino. Los hombres, frente a los policías, golpearon al vecino. Luego entregaron dinero a los agentes. Vianey trató de impedir la agresión, pero los hombres ordenaron a los agentes que la detuvieran. Luego, uno de los hombres la golpeó, le dio en el hombro y le aventó una botella con cerveza. Otro se le abalanzó con una navaja. Los policías no hicieron nada, sólo miraron.

De inmediato, la intentaron subir a la patrulla, Vianey se resistió. Los policías la amenazaron: “Si no te subes van a quemar tu casa”. Luego uno de los agentes le dijo a uno de los hombres: “quémale la casa”. La mujer resistió otra vez a subirse a la patrulla. Llamó a su madre para que pidiera ayuda pero le advirtió que no se acercara.

Un policía le quitó el celular, otro la comenzó a golpear, le dio cachetadas, a pesar de que tenía en sus brazos a su hijo. Llegó la patrulla PM-002 de la Policía Municipal y la subieron, con Vianey se subió una agente y otro más. En el camino, la mujer la amenazó; le dijo que sabían todo de su familia, el otro agente comenzó a tocarle los senos, se los apretó y le tocó sus partes íntimas. En el relato, Vianey afirma que los agentes le quitaron 16,000 pesos que traía guardados en el brasier. 

 

Cuando llegaron a barandillas, la Policía Municipal determinó que Vianey alteró el orden público y la multaron con 500 pesos. Tras el pago, fue liberada. De inmediato se trasladó a una agencia del Ministerio Público, pero ahí le “recomendaron” que primero fuera a recibir atención médica y volviera. Al día siguiente acudió al hospital general Raymundo Abarca Alarcón acompañada de personal de la Coddehum. 

 

 

La Policía Municipal de Chilpancingo como casi todas las de Guerrero— está profundamente señalada de formar parte de las estructuras criminales, de ser una corporación que está más cerca de joder a un ciudadano que de ayudarlo. Es una corporación en la que muy pocos confían y que muchos le temen.

Los casos son muchos. Este es emblemático, materializa la profundidad de la pudrición que se vive en la corporación. El último encargado de la Secretaría de Seguridad Pública, el teniente retirado del Ejército, Germán Reyes Reyes, está siendo procesado. La Fiscalía General del Estado (FGE) lo acusa de ordenar el asesinato y decapitamiento del alcalde, el perredista, Alejandro Arcos Catalán. También lo acusa de formar parte de la organización criminal Los Ardillos.

De corroborarse las acusaciones de la fiscalía, estaríamos ante el brutal desconsuelo: la Policía de Chilpancingo no es capaz ni de cuidar al alcalde, mucho menos a los ciudadanos. 

En diciembre de 2017 en Chilpancingo, policías municipales desaparecieron a siete jóvenes. El 25, en Navidad, agentes detuvieron a Abel Aguilar García, de 18 años de edad. El 27 detuvieron al adolescente Alán Alexis junto con dos menores de edad; el 29, en pleno centro, una patrullada la Policía Municipal bajó de su carro a Efraín Patrón Ramos y, un día después, al salir de las instalaciones de la Feria de San Mateo, Navidad y Año Nuevo agentes municipales detuvieron a Jorge Arturo Vázquez Campos y Marco Eduardo Catalán Cabrera. 

La organización Amnistía Internacional documentó que Alan Alexis y los dos adolescentes habrían sido desaparecidos y torturados durante siete días por la Policía Municipal de Chilpancingo y la Policía Ministerial.

Según la organización: “los tres jóvenes fueron privados de la libertad y trasladados a la estación de policía local el día 27 diciembre, conducidos posteriormente a una casa de seguridad y luego transportados en un tormentoso viaje a Acapulco. Allí fueron introducidos en celdas, donde permanecieron al menos tres días sin acceso a comida, y con el temor de ser asesinados. El día 3 de enero de 2018, los tres jóvenes fueron llevados de nuevo a Chilpancingo y arrojados con vida detrás de un supermercado local, presentando claros signos de tortura y envueltos con cinta adhesiva de cuerpo y ojos”. 

Sobre la desaparición de Jorge Arturo Vázquez Campos y Marco Eduardo Catalán Cabrera, Amnistía Internacional afirma que fueron detenidos por la Policía Municipal y llevados a barandillas. Luego fueron entregados a un grupo del crimen organizado. Sus cadáveres fueron hallados el 3 de enero en un lote abandonado a las afueras de Chilpancingo. Por el asesinato de los dos jóvenes sólo fue detenido un policía municipal. 

Efraín Patrón Ramos y Abel Aguilar García desaparecieron en la misma esquina, entre la calle Galeana y la avenida Juárez. Ambos siguen desaparecidos. En el caso de Efraín Patrón Ramos hay videos donde se ve cómo una patrulla de la Policía de Chilpancingo lo detiene, lo baja de vehículo y se lo lleva.  
Por estos casos, el 4 de enero el estado y la Federación tomaron el control de la seguridad en Chilpancingo y, supuestamente, sometieron a investigación a por lo menos 110 agentes y personal administrativo. 

En ese contexto, la presidenta del Colectivo de Padres y Familiares de Desaparecidos Secuestrados y Asesinados en el Estado, doña Guadalupe Gutiérrez Narciso, denunció que del 2016 al 2018 el colectivo había documentado 20 casos de desaparición donde la Policía de Chilpancingo tuvo participación. 
 

 

El 5 de marzo de 2025, seis policías municipales de Chilpancingo, entre ellos Francisco Santiago Ojeda, Lorenza Cano Hernández y Martha Cuchillo, rindieron su declaración ante la Coddehum por el caso de Vianey. 

Los seis policías afirmaron que arribaron a la casa de Vianey a las 7:45 de la noche tras el reporte al C4 con número 25039835 por alteración del orden público por “persona alcoholizada”. 

Los agentes dijeron que Vianey fue la que comenzó agredir al grupo de jóvenes que estaba bebiendo fuera de su casa. Aseguran que le pidieron que “guardara la compostura”. Luego afirman que fue Vianey la que se subió a parte trasera de la patrulla con su hijo, que le pidieron que se bajara pero que los ignoró. Que a las 8:20 llegó otra patrulla y que los agentes intentaron convencerla que se bajara pero Vianey los ignoró y los pateó en dos ocasiones. Los agentes dijeron que por esa razón le colocaron “candados” en las manos para “su seguridad”, pensando que se iba a “arrepentir” y que se bajaría de la patrulla. 

Los agentes aseguraron que durante todo el traslado a barandilla la trataron con “respeto a sus derechos humanos”. Dijeron que fue puesta a disposición de un juez calificador pero no registraron la detención de Vianey en el Registro Nacional de Detenciones porque estaba “en mantenimiento”. 

El 21 de febrero del 2025, la madre del Vianey rindió su testimonio ante la Coddehum. El testimonio coincide con la relatoría de los hechos que hizo Vianey. La madre contó a la comisión que una mujer policía la amedrentó con la posibilidad de enviar al hijo menor de Vianey, de ocho meses en ese momento, al DIF. 

El 21 de marzo, el vecino también rindió su declaración ante la Coddehum. Ratificó la versión de Vianey. Afirmó que uno de los hombres que bebían en la calle entró a la casa de Vianey a orinar sin permiso. Confirmó que un hombre y una mujer de ese grupo la golpearon y que la policía no hizo nada para evitarlo. No recordó si a Vianey la subieron los policías o si ella se subió sola. 

En la recomendación, la Coddehum expone que la detención de Vianey fue arbitraria porque no pudieron demostrar “la legalidad de la detención”. Incluso, marca las contradicciones en el informe de los agentes: “primero dicen desconocer cómo es que Q (Vianey) se subió a la patrulla y luego tratan de justificar que cometió una falta administrativa”.

La Coddehum afirma que los agentes vulneraron sus derechos humanos de Vianey como la libertad personal porque no había ninguna de las hipótesis para restringir la libertad de la mujer. Luego afirma que durante la detención no protegieron ni garantizaron la dignidad de Vianey.

La recomendación presenta el informe médico donde afirma que Vianey fue golpeada en los brazos, piernas, muslos donde presentó moretones, raspones e inflamación. Sobre el robo de los 16,000 pesos que denunció Vianey, la recomendación afirma que no se pudo acreditar pues no se demostró la “preexistencia y su falta posterior”.

Otra causa por la que la Coddehum no dio como un hecho el robo, fue porque los policías no “refirieron sobre el recurso económico que refirió la quejosa”. 

La recomendación afirma que el 20 de febrero se “dio vista” al agente del Ministerio Público adscrito a la Coddehum porque de la denuncia podría “desprender conductas ilícitas” por parte de los agentes.

Sin embargo, la FGE, como ya es costumbre, no ha informado si investiga a estos agentes. La Coddehum reconoce que los policías municipales privaron de la libertad de manera ilegal a Vianey, que violaron sus garantías a la seguridad personal, que no pudieron acreditar de manera legal la detención y que esa detención no se acreditó en el Registro Nacional de Detenciones, lo que constituye una irregularidad, pese a todo eso hizo dos recomendaciones que, por decirlo de alguna manera, son muy complacientes con las autoridades.

La primera: pide al órgano interno de control del ayuntamiento de Chilpancingo que comience un proceso administrativo contra los seis agentes. La segunda que envíen a “cursos de capacitación y actualización” sobre derechos humanos a los policías.

Estas son las recomendaciones de la Coddehum pese a que  afirma que las acciones de los policías se podrían “desprender conductas ilícitas”. Dicho de otra manera: que actuaron como criminales. La recomendación, como casi todas, no tuvo ningún efecto.

Los policías que detuvieron ilegalmente, golpearon, violentaron sexualmente, robaron a Vianey son los mismos que durante todo este año no la han dejado de hostigar, de amenazar, de extorsionar.

Vianey asegura que durante este año, Francisco Santiago Ojeda fue ascendido a comandante en la Secretaría de Seguridad Pública.

Después de que Vianey explotó en la puerta de la oficina del tercer visitador, contó lo que está siendo esta pesadilla. Un día sí y el otro también, los policías Francisco Santiago Ojeda, Lorenza Cano Hernández y Martha Cuchillo la hostigan. Han llegado a su puesto a amenazarla con que la van a golpear, le ha quitado en varias ocasiones su mercancía. La extorsionan. Vianey afirmó que le piden 5,000 pesos para dejarla vender. Ella siempre tiene la misma respuesta: su puesto apenas y da para que ella y sus cuatro hijos, dos con discapacidad, puedan sobrevivir.

Contó que un día el policía Francisco Santiago Ojeda junto con otros agentes organizó una operación para quitarle a su hijo menor, esa vez no pudieron, recuerda, porque pasó una patrulla de la Guardia Nacional. La comerciante denunció lo que todos en Chilpancingo sabemos: policías y funcionarios forman parte de la estructura que extorsiona a los comerciantes de la ciudad. 

En 2023, empresarios hoteleros denunciaron la participación de los agentes en las extorsiones que sufren: “la maña… se lleva la millonada, me tocó ver a mí como llegaban a extorsionar a todos… y lo peor es que va el mañoso con cuatro policías municipales acompañándolo”.

Esa mañana del 20 de enero, Vianey llegó a la Codehum aún con dolores en el abdomen. Días antes, fue sometida a una cirugía: le quitaron un pedazo de uno de sus intestinos.  Asegura que después de los golpes comenzó a sentir dolores fuertes en el abdomen, hasta que un día no soportó y fue al hospital a que la revisaran.

Ahí un médico le explicó que parte de su intestino se le paralizó porque otros órganos lo apretaron. La mujer le acredita la causa de la cirugía a la golpiza que recibió por parte de los policías. 

—¿Por qué no se va de Chilpancingo? —propone una reportera que escucha con angustia su denuncia.  

—Porque no tengo a dónde irme, no tengo dinero para irme. 

En los últimos años, los alcaldes y alcaldes han sido factor principal para desestabilizar ciudades completas.

En la Tierra Caliente se vive una tranquilidad inquietante. Los homicidios se han reducido debido al control casi absoluto que impuso la Familia Michoacana en complicidad con los alcaldes y alcaldesas. En esta región los alcaldes y alcaldesas no hacen nada para combatir a la delincuencia, al contrario, le dan su apoyo. Recordemos mayo de 2023.

Durante tres días ocho de los nueve ediles de la región, bloquearon la carretera federal Altamirano-Iguala para impedir que la FGE se llevaran 12 vehículos —algunos de lujo— eran propiedad de los hermanos Johnny y Alfredo Hurtado Olascoaga, presunto líderes de La Familia Michoacana.

De esos ocho, tres se reeligieron: la alcaldesa de Cutzamala del Pinzón, la priista Mayte Arce Jaimes; la de Tlalchapa, la morenista Tania Mora Eguiluz y el alcalde de Tlapehuala, el priista José Luis Antúnez Goicochea.

En junio de 2023, salieron a la luz las reuniones que la entonces alcaldesa de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández Martínez, sostenía con el presunto líder del grupo criminal Los Ardillos, Celso Ortega Jiménez.

Después de los vídeos, la ciudad se convulsionó. Hernández Martínez terminó su gestión, luego Morena la expulsó pero en marzo del 2025 el Tribunal Electoral le restituyó su militancia.

Otro caso fue Taxco. El 1 de octubre del 2024, al día siguiente que Mario Figueroa Mundo dejó la alcaldía de Taxco, su hijo mayor fue detenido junto a su escolta. Los dos son procesados por el delito de desaparición de personas. El 12 de octubre fue detenido otro de sus hijos por el delito de homicidio. A casi un mes de que Figueroa Mundo dejara el cargo, la Fiscalía General del Estado (FGE) junto al Ejército, la Guardia Nacional y la Policía Estatal implementaron una operación en la comandancia de la policía de Taxco, detuvieron a 10 agentes, todos acusados de desaparición forzada y homicidio, entre ellos el subdirector de la corporación, Cristofer Guillermo Rodríguez. El secretario de Seguridad Pública de Taxco, Cristopher Hernández Cuevas, La Sombra, está prófugo.

Durante el gobierno de Figueroa Mundo esa ciudad se convirtió en un lugar de terror. Era un secreto a voces la forma en que Figueroa Mundo llegó al poder. Se documentó cómo La Familia Michoacana presionó a decenas de comisarios y pueblos para que votaran por el ahora exalcalde. Eso tuvo un precio: durante la administración de Figueroa Mundo esta organización criminal endureció su presencia, estaba metida en casi todo. Tomaron el control de los productos de la canasta básica, impusieron los precios y su distribución.

Figueroa Mundo está prófugo, la fiscalía lo busca para detenerlo por el delito de desaparición forzada.

¿En Chilpancingo qué se ha hecho para sanear a la Policía Municipal? Nada. Tampoco se ha hecho algo para hacer la suficiente, en la capital se requieren mínimo unos 600 agentes y apenas hay unos 130, según dijo el alcalde, el priista Gustavo Alarcón Herrera, en una entrevista con el periódico El Sur. 

Pero tampoco han hecho algo para hacer a la Policía de la capital eficiente, casi todo su gobierno Alarcón Herrera se la ha pasado clamando ayuda a la Federación. Todos podemos entender que con 130 agentes, muchos muy cuestionables, se pueda hacer algo para detener la criminalidad y detener la disputa entre las organizaciones criminales Los Ardillos y Los Tlacos.

Pero algo tienen qué hacer el alcalde, porque si no puede ni tener el control de su policía, nada tiene que hacer en el ayuntamiento.

 
 
 

Chirrionazo

La que anda con todo es la ex líder nacional interina del PRD y ex aliada del grupo hegemónico de este partido en agonía “Los Chuchos”, Beatriz Mojica Morga, quien ya se siente encumbrada en Morena y arremetió contra diez páginas de Facebook.

Resulta que Beatriz Mojica denunció a este grupo ante el Instituto Electoral de Participación Ciudadana del Estado de Guerrero (IEPC) por violencia política de género y otras acusaciones.

Bety, como le dicen, ya se siente “gober”. Pero que no crea que con los arreglos políticos que tenga con su paisano Félix Salgado Macedonio, será la candidata. El Toro, no es leal y Bety lo sabe. Además la que va a definir quien será la candidata o candidata es la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo.

También la que se debe serenar es la ex alcaldesa de Chilpancingo. Por ahí circula un chismecito de que por más que patalee y eche maromas al aire, Norma Otilia Hernández Martínez quedará fuera de las encuesta que levantara el CEN del Morena para los cargos de elección popular en el 2027.

Así que la ex alcaldesa de Chilpancingo deberá enfocar su mirada de saltar a otro partido por eso de sus aspiraciones.