Reforma electoral: de la derrota en 2022 con AMLO, al posible Plan B de Sheinbaum; a discusión, esta semana en el Congreso


Por Edgar Ledesma y Andro Aguilar / Animal Político
10 de marzo de 2026


La Cámara de Diputados perfila discutir esta semana la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. Morena busca dictaminar en comisiones el martes y llevarla al pleno el miércoles, pero llega a esa discusión sin tener asegurada la mayoría calificada, es decir, las dos terceras partes de los votos que se necesitan para modificar la Constitución.

La iniciativa retoma parte del debate que abrió el expresidente Andrés Manuel López Obrador en 2022, aunque con un alcance más acotado. Propone reducir de 128 a 96 el número de senadores al eliminar las 32 senadurías de representación proporcional, cambiar la asignación de 200 diputaciones plurinominales, recortar 25 % del financiamiento público a los partidos, reforzar la fiscalización del dinero en campañas y regular la propaganda alterada con inteligencia artificial.

A diferencia del proyecto de López Obrador, la reforma de Sheinbaum mantiene al Instituto Nacional Electoral (INE), no plantea desaparecer a los organismos electorales locales (OPLES) ni a los tribunales electorales estatales y tampoco propone elegir por voto popular ni a los consejeros ni a los magistrados electorales.

La reforma que López Obrador presentó el 28 de abril de 2022 era más amplia y agresiva con la estructura electoral vigente. Buscaba sustituir al INE por el Instituto Nacional de Elecciones y Consultas, desaparecer a los OPLES y a los tribunales electorales estatales, elegir por voto directo a consejeros y magistrados, reducir la Cámara de Diputados de 500 a 300 curules y bajar el Senado de 128 a 96 integrantes.

También cambiaba de fondo el sistema de elección del Congreso. En la Cámara de Diputados eliminaba 200 curules y llevaba la elección a un sistema de listas en las entidades; en el Senado planteaba elegir tres senadores por estado, también mediante listas.

La iniciativa de López Obrador además reducía los recursos públicos para partidos nacionales y locales, introducía el voto electrónico en elecciones, consultas populares y revocación de mandato, y extendía el rediseño a congresos locales y ayuntamientos, cuyos integrantes también serían recortados.


Los intentos fallidos de AMLO 

Ese primer intento de reforma lopezobradorista fue rechazado en San Lázaro el 6 de diciembre de 2022. La reforma constitucional obtuvo 269 votos a favor, 225 en contra y una abstención, por lo que no alcanzó la mayoría calificada. El bloque que la frenó estuvo integrado por legisladores de PAN, PRI, PRD y Movimiento Ciudadano.

Después de esa derrota, el expresidente empujó el llamado Plan B, una ruta de cambios a leyes secundarias para modificar parte de las reglas electorales sin tocar la Constitución. Esa salida tampoco prosperó, en 2023 la Suprema Corte la invalidó por violaciones al procedimiento legislativo.


¿Otro Plan B? 

Sheinbaum retomó ahora esa agenda como respuesta a un compromiso de su propia campaña electoral con una iniciativa más contenida, pero el problema político volvió a aparecer. La diferencia es que, si la reforma de López Obrador cayó por el rechazo de la oposición, la de Sheinbaum enfrenta reservas dentro de la propia alianza gobernante.  Ahora Morena no tiene los votos suficientes por el rechazo del Partido del Trabajo (PT) y del Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Ese freno interno abrió desde antes de la discusión otra posibilidad: un eventual Plan B de Sheinbaum. La propia mandataria reconoció esa opción sin detenerse en detalles “Sí, pero ya sería después”, respondió en su conferencia del 4 de marzo.

El coordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, Ricardo Monreal, ha dicho que si la reforma constitucional no pasa, podrían buscarse cambios por la vía de leyes secundarias, aunque también ha advertido que varios de los puntos centrales no pueden trasladarse a leyes secundarias.

Eso coloca a Sheinbaum frente a una ruta parecida a la de López Obrador, pero no idéntica. Monreal recordó el pasado viernes que varios de los puntos centrales de la iniciativa, como el nuevo esquema de legisladores plurinominales y la reducción del financiamiento a partidos, requieren de una reforma constitucional. Además, la propuesta para reducir el Senado también depende de un cambio a la Constitución.

El diputado Monreal descartó el viernes pasado que si la reforma electoral se desecha, no se puede presentar por otra vía, ni por la vía secundaria. No obstante, algunos de los contenidos sí pueden incluirse en otras propuestas de reforma que no impliquen cambiar la Constitución.

Sheinbaum también jugaría en un terreno distinto al que enfrentó el expresidente. Cuando la Corte invalidó su Plan B, todavía no ocurría la reforma judicial. Después de ese cambio, la nueva integración del Poder Judicial quedó marcada por controversias como la difusión de “acordeones” en la elección y señalamientos sobre la cercanía de algunos perfiles con el oficialismo, entre ellos el actual ministro presidente Hugo Aguilar, quien llegó a la Corte tras haber formado parte del gobierno de López Obrador.

Esto no permite anticipar cómo resolverían futuros litigios sobre una eventual reforma electoral, pero sí muestra que el escenario ya no es el mismo que el de 2023.

La discusión de esta semana, por lo tanto, no solo pondrá a prueba si Morena logra reunir los votos que hoy no tiene. También mostrará si Sheinbaum puede convencer a sus propios aliados para sacar adelante una reforma que revive una disputa que el obradorismo no pudo cerrar en 2022 y que, otra vez, deja abierta la puerta a una salida alterna.