¿Desde dónde se cimienta la vida?

Marlan Valverde
Chilpancingo
21 de agosto de 2026

Todo lo que se sostiene necesita un cimiento. Las casas, las ciudades, las civilizaciones. Pero también nuestras ideas, nuestra memoria, nuestra identidad y la manera en que comprendemos el mundo. Los cimientos tienen una particularidad: casi siempre permanecen debajo. No necesariamente los vemos, pero soportan aquello que somos.

El viernes 14 de agosto tuve la oportunidad de presentar el libro Sobre estas piedras levantaré mi vida, del poeta acapulqueño Giovanni Rodríguez. Un evento organizado por el colectivo cultural Tarántula Dormida, junto con la editorial Reverberante. Esta obra reúne una serie de poemas divididos en dos secciones: Litologías y Piedras sueltas, que nos invita a reflexionar que, antes de hablar de poesía, quizá tendríamos que hablar de aquello que nos construye.

El poema Stonehenge coloca al lector frente a una imagen que ha atravesado siglos: piedras levantadas por seres humanos de los que conocemos apenas fragmentos, un sitio del que no hay una certeza histórica, solo la certidumbre de que hombres y mujeres estuvieron aquí antes que nosotros.

El libro nos obliga a preguntarnos: ¿cuáles son las piedras sobre las que hemos construido nuestra propia manera de pensar?, ¿qué palabras heredamos?, ¿qué historias?, ¿qué muertos?, ¿qué violencias?, ¿qué afectos?, ¿qué conocimientos? Somos también aquello que estaba aquí antes de nosotros.

Por eso las piedras de este libro no son objetos inmóviles. Guardan memoria. Son restos y al mismo tiempo son origen. Sobre ellas se construye, con ellas se hiere; alrededor de ellas se levantan ciudades, templos, tumbas y casas, y también poemas. Quizá las piedras que recibimos no son únicamente aquello que cargamos, también son aquello con lo que decidimos construir.

“son estas nuestras palabras, 

son estas nuestras armas estas son tus piedras”

Hay además algo profundamente visual en Sobre estas piedras levantaré mi vida, no solamente construye lugares: los hace aparecer. Stonehenge, Lascaux, las cavernas, los acantilados, las montañas, los cementerios, Tebas, el inframundo, incluso esos paisajes digitales de Windows XP forman parte de una geografía que se desplaza entre lo ancestral y lo contemporáneo.

Este desplazamiento marca la estética de la obra y nos revela que, aunque nuestros espacios, herramientas o maneras de representar el mundo cambien, seguimos intentando comprenderlo a través de imágenes. Los azules y los verdes, las piedras erguidas, las cuevas, el cielo, los animales, los cuerpos, la sangre, las flores, la roca.

Las imágenes danzan con la profundidad poética y ocurre un movimiento muy interesante: las imágenes no adornan la poesía, sino que la problematizan. Porque cada vez que el poeta crea una imagen con las palabras, detrás de ella aparecen nuevos cuestionamientos. ¿Qué hacemos con el mundo que habitamos? ¿Qué hacemos con aquello que heredamos? ¿Qué hacemos con nuestras palabras? La piedra puede convertirse en cimiento, pero también en arma. Puede construir un muro o romper una ventana. Esa ambivalencia desnuda al ser humano. Porque el libro no pretende mostrarnos únicamente nuestra capacidad de construir; también nos enfrenta con nuestra capacidad de destruir y de destruirnos.

En la parte lírica, este no es un poemario que busque llevar al lector por un camino recto. El propio libro reconoce el movimiento circular:

“podemos cambiar 

pero natural es andarse en círculos”

La escritura avanza por asociaciones, ecos, referencias, interrupciones y desplazamientos. Una palabra conduce a otra; una piedra golpea contra otra y produce una reverberación—casualidad o destino que la casa de este libro sea la editorial Reverberante—. Giovanni trabaja la palabra casi como quien trabaja la piedra: la toma, la observa, la golpea, la talla, la desplaza, la vuelve a colocar.

No comenzamos desde cero, llegamos a un mundo lleno de piedras. Algunas fueron colocadas hace miles de años; algunas las dejaron nuestros padres; otras las encontramos en el camino. Algunas pesan; algunas hieren; algunas habrá que moverlas, y otras serán precisamente las que nos permitan sostenernos. Porque, al final, todos y todas estamos eligiendo, entre las piedras que nos fueron dadas, aquellas sobre las que queremos levantar nuestra vida.