Pone en riesgo la falta de lluvias la producción de flores para el Día de Muertos en Tixtla

Luis Daniel Nava
Chilpancingo
23 de agosto de 2026

La falta de lluvia disminuyó la siembra de maíz y hortalizas, bajó los niveles de agua de los pozos artesianos y está poniendo en riesgo la producción de flores para la celebración del Día de Muertos, alertaron productores del valle de Tixtla.

Pero también ven un panorama desolador: las nuevas generaciones han abandonado el campo, y el crecimiento de la mancha urbana junto a la falta de apoyo podría terminar con los campos de cultivo en unas tres décadas.

Consultado en su parcela, Joel Tlalmanalco López, con 60 años de experiencia, explica la inédita crisis que viven los productores a causa de la falta de lluvias en esta temporada.

En este momento riega, con la poca agua que les queda a sus dos pozos artesianos, la tierra donde ha sembrado flores de cempasúchil o “tapayola”, y terciopelo.

Pero hay otra parte donde los surcos están secos y donde se observan lechugas que se secaron por la falta de agua.

En el valle de Tixtla se cultivan alrededor de 100 hectáreas de flores para la temporada de los Fieles Difuntos y la decembrina, donde se cosecha “nube” y “margarita”.

Es uno de los más importantes productores de cempasúchil y terciopelo en los mercados locales y hasta de estados vecinos.

Con un sombrero de palma para defenderse del intenso calor, una playera blanca de algodón, un short y descalzo, clava un azadón en la árida tierra. Lo acompaña una radio portátil desde donde se escucha una versión de “Amor marinero”.

“Antes en estos canales (surcos) corría agua cuando llovía mucho, hoy en día están secos”.

Desde hace dos años hacia atrás, dice, los animalitos iban a beber agua ahí.

Y dice acerca del clima:

“Lo que ha sido una costumbre que ha llovido a tiempo y con buenos aguaceros, el terreno, mira, está casi seco”.

Explica que ha pasado el periodo de calor de 40 días conocido como la canícula, pero se ha extendido; solo han caído lloviznas que mitigan a las plantas.

“Decimos que primero Dios y ojalá llueva, que se componga el temporal, pero si no se compone el tiempo nuestras flores terminarán como esta lechuga”.

Dijo que están echando mano de los pozos artesianos para el riego, pero que ya están a un cuarto de su capacidad y que no serán suficientes.

“Ahorita tendremos el 30 por ciento, le saqué el agua hace rato y ahorita ya tiene un poquito, pero no se logra recuperar lo que consumió.

“Lleva en recuperarse dos días para que pueda volver a regar, por eso la limitación en la siembra, porque estamos calculando lo que nos pueda dar el pozo para darles agua a las plantas”.

De igual manera, lo que está sembrando ahora es el 30 por ciento de lo que era en años anteriores.

“Lo que hemos sembrado en superficie ahora no se compara con otros años por el estiaje que estamos padeciendo. Estamos sembrando el 30 por ciento”.

En años anteriores se sembraban milpas, verduras, hortalizas y flores, pero en esta temporada están limitados y se están dedicando a la siembra calendarizada de las flores para noviembre.

“Si sigue la situación, que Dios no lo quiera, en noviembre no tendremos nada en absoluto, ni para consumo humano”.

“Tenemos la creencia de que va a llover en septiembre, pero solo Dios sabe; tantos años que hemos vivido trabajando la tierra no nos había pasado esto”.

La sequía además ha subido los costos de producción, ya que deben invertir más en gasolina para echar a andar las bombas de agua y en la contratación de mano de obra para regar la siembra.

Otro factor que ha agudizado la falta de agua es el consumo excesivo de las plantas purificadoras de agua del municipio.


 

Las nuevas generaciones abandonaron el campo

Tan solo en el municipio de Tixtla hay unos mil campesinos, entre los que tienen otro empleo y los que se dedican de tiempo completo al campo, estima Joel Tlalmanalco.

“Pero ahora los campesinos ya son casi unitarios, ya pocos llevan a sus hijos a trabajar al campo porque ya no quieren”.

De la población campesina, calcula, el 40 por ciento está trabajando lo suyo; los demás ya son hijos y ya no van.

En su caso, como en muchos otros, es la última generación dedicada al campo. Sus hijos fueron formados como profesionistas y solo se dedican a su empleo.

“Ya no tengo relevo, al rato que me vaya, pues ya”.

Otra amenaza es el crecimiento de la mancha urbana. A su alrededor ya se ven construcciones con diseños arquitectónicos.

“Ya viene la mancha urbana, al rato va a ser mancha urbana todo esto, se va a terminar con el campo, con los recursos naturales.

Para hacer una casa, dice, se tumban árboles y se taponea al menos un canal de riego, todo cambia.

“Si en la zona rural se pierden bosques por hacer un tlacolol, aquí se pierde un espacio de siembra al hacer una casa”.

Y lanza un reto a los reporteros:

“Habían de tomar fotos ahorita de todo para cuando vengan o vivan de aquí a unos 30 años; van a ver que aquí va a haber unos edificios, porque ahí está la mancha.

“¿Qué va a suceder en Tixtla? Todo se va a llenar porque la zona inundable (cerca de la laguna) ya se va a desplazar y todos se van a venir para acá (en las inmediaciones de Ayotzinapa).

“Es una problemática de la que se tiene que hablar porque es la realidad. Van a comer puros alimentos procesados”.

Dice que hoy se logran ver zonas verdes en el valle de Tixtla y lugares de esparcimiento y para correr.

“Pero esta va a ser una avenida conectada con Ayotzinapa. La densidad de población está creciendo. A la larga así va a suceder”, concluye.

 

Ya no hay ventas

Productores consultados aparte exponen que otro factor que ha afectado la comercialización de sus productos es el tema de la inseguridad y los conflictos sociales.

“Ya no hay ventas, eso es otro detalle, antes existía la comercialización de intermediarios que iban a Chilpancingo y a Acapulco y hoy nada, se terminó, todo por la seguridad, por muchas situaciones sociales”.

Al valle también acudían restauranteros a comprar productos frescos, pero han dejado de hacerlo.

Además, para los campesinos es difícil salire a otras ciudades a ofrecer sus verduras y hortalizas porque comentan que pierden el tiempo.

“¿Quién te compra?, es más, está cañón andarse paseando con el producto”.

“Ya no se vive del campo, ya no es negociable, ahora se trabaja para medio vivir”, dice uno de los productores consultados.