Entre balas y extorsiones: la tragedia
del transporte público en Acapulco
David EspinoFoto Carlos Carbajal y En Primer PlanoAcapulco 14 de mayo de 2026
En la parada de Las Anclas, entre las avenidas Cuauhtémoc y Wilfrido Massieu, de este puerto, la gente se arremolina en espera de un taxi colectivo amarillo para llegar a la colonia Ciudad Renacimiento o algún lugar intermedio.
Son cinco mil colectivos de este tipo para una zona híperpoblada. Unos 150 mil habitantes, según el último recuento del Instituto Nacional Estadística y Geografía (Inegi).
Son las 13:20 horas de un lunes de abril. El calor es una bruma espesa que lo cubre todo, un velo que tiene que apartarse con la mano para avanzar sobre la acera.
Los taxistas llaman la atención de los usuarios tocando el claxon. Lo hacen todos a la vez y el sonido aturde tanto como los brillantes 32 grados que chorrean desde el sol canicular.
Un taxi azul con blanco se orilla cuando se le hace la parada para ir a la Delegación Centro de Transporte. Dentro, el calor se acentúa. El chofer trae una toallita desteñida sobre las piernas para secarse de vez en cuando el sudor que le escurre en la cara.
–Sí, amigo, está canijo eso de la inseguridad. Nos están dando duro –dice, parco, cuando se busca tocarle el tema que en los últimos meses está golpeando a los transportistas.
“Duro” es, digamos, un término moderado para describir lo que está pasando en el sector. Un eufemismo.
En el primer trimestre de este año suman 15 asesinatos de transportistas en diferentes sitios de la ciudad. Sobre todo, en la zona norte. Desde La Cima pasando por Las Cruces, Renacimiento, Zapata hasta La Sabana. Pero también en la parte Centro o en la zona poniente, donde está la colonia Jardín en sus tres secciones.
–¿Y de dónde vienen las agresiones?
–Es entre ellos. Se andan chingando entre ellos –dice, en aparente referencia a los grupos criminales, aunque no los menciona por su nombre.
–¿Usted cree?
–Eso veo yo, que es cosa de esos.
–¿De quiénes, oiga? –se le insiste.
Esta vez no dice nada.
–¿Usted nomás trabaja en esta parte de la ciudad?
–Sí, yo no subo a las colonias apartadas. Alta Progreso, a La Chinameca, o que vaya para adentro de La Cima, al menos ya no. Antes sí, pero ahora está canijo. Uno ya no sabe a quién levanta.
No tenemos garantía de nada.
Diecinueve por uno
En los primeros tres meses de este año han ocurrido 19 asesinatos en ataques contra choferes, incluidos el de un chalán de 17 años y un checador de sitio, así como de pasajeros que por esos ataques perdieron la vida –además de la quema de carros–, según recuentos periodísticos, porque la Fiscalía General del Estado se niega a informar al respecto.
De estos hechos sólo en uno hubo detenidos: en el del incendio de una Urvan en la calzada Pie de la Cuesta, frente a la colonia Jardín Azteca, donde el conductor fue asesinado y calcinado dentro.
Esto ocurrió el lunes 16 de marzo y, además del chofer, siete pasajeros sufrieron quemaduras de consideración –uno de ellos murió dos semanas después– porque los atacantes iniciaron el incendio sin darles oportunidad de bajar. Se conoció que entre los viajeros iban tres militares.
La agresión ocurrió a las 7 horas, cuando la Urvan circulaba por la carretera Acapulco-Zihuatanejo. De acuerdo con reportes policiacos, hombres abordo de una motocicleta pararon la camioneta, le dispararon al chofer, le rociaron gasolina y le prendieron fuego.
Este es el único caso por el que se detuvo a cinco personas, según notas periodísticas que citaron un boletín de la FGE, aunque en el portal no hay información sobre el avance de las investigaciones ni sobre los motivos que tuvieron los agresores. En cambio, se conoció por la prensa que luego de una movilización policiaca en la colonia Jardín Mangos, dos días después, que involucró a la Marina, Guardia Nacional, policías estatales y ministeriales, ocurrieron las aprehensiones.
Sólo que ese lunes de marzo, la violencia había iniciado apenas saliendo el sol. A las 6 horas, en la colonia Vista Hermosa, en la parte alta de la colonia Costa Azul, una pareja de taxistas de la ruta alimentadora Pradera-CICI fue asesinada a balazos en su casa. En la agresión, la madre del conductor fue alcanzada por las balas y murió en el lugar, y el hijo de ambos fue herido en el pecho.
A las 11 horas, los transportistas de la ruta en la que trabajaba la pareja bloquearon con 40 taxis el lugar de la Costera donde hacen sitio, en demanda de seguridad y castigo a los responsables. Al día siguiente, un taxi de la misma ruta fue incendiado por hombres armados en la colonia Balcones de Costa Azul.
Estos casos no fueron los primeros del año ni serían los últimos. Las agresiones contra los transportistas en Acapulco iniciaron desde enero. Ese mes ocurrieron seis asesinatos. El primero fue el miércoles 7, cuando un chalán de camión urbano de Caletilla fue herido de bala en la zona de parada de los autobuses. Dos días después murió a causa de las heridas. El domingo 11, cuando el conductor de una camioneta alimentadora circulaba en el bulevar Vicente Guerrero, frente la colonia Renacimiento y fue alcanzado por hombres arriba de una motocicleta desde donde le dispararon.
La noche del jueves 15, un checador del sitio de Urvan Potrerillo-Caleta fue herido de bala en el lugar donde hacen sitio. El hombre murió al día siguiente, según informes de la Policía. El día siguiente el servicio de transporte fue suspendido. El domingo 25, otro chofer de una camioneta de la ruta San Agustín-Cruces, fue asesinado a balazos en la carretera México-Acapulco, frente a la colonia Nopalitos, cercano al poblado de Paso Limonero. El martes 27, un taxista de la ruta alimentadora de la colonia La Mira, fue asesinado frente a su esposa por hombres armados que entraron a su casa. El hecho ocasionó que se suspendieran las clases en la colonia.
Y dos días más tarde, el 29 de enero, un taxista de la ruta Renacimiento-Centro, fue asesinado por hombres que le dieron alcance a bordo de una motocicleta desde donde le dispararon cuando circulaba por la calzada de la carretera federal México-Acapulco, frente a la colonia Benito Juárez. En febrero ocurrieron tres crímenes contra choferes. El 5, otro taxista fue asesinado a balazos por hombres a bordo de una motocicleta en la colonia Costa Azul. El 7, un chofer de la ruta alimentadora de la colonia Palma Sola fue asesinado a balazos, al parecer cuando estaba estacionado haciendo sitio.
Y el 19 de febrero, otro ataque a balazos a una camioneta alimentadora de la colonia Chinameca, donde está ubicado el plantel número 2 del Colegio de Bachilleres, ocasionó la muerte del chofer, de una alumna de 16 años que viajaba de copiloto, y otra más resultó herida. La agresión avivó la exigencia de seguridad y justicia de parte del sector y la población —de por sí en la agenda de los transportistas desde inicios de año—, se suspendieron clases, y el servicio de transporte público.
En marzo, ocurrieron seis ataques contra transportistas. El lunes 9, un chofer de la ruta Sinaí-Centro fue asesinado a balazos por hombres que lo interceptaron entre las calles Betania y Belén de aquella colonia suburbana. Luego de lo ocurrido, los demás choferes dejaron de prestar el servicio en demanda de seguridad. El miércoles 11, otro taxista más fue hallado muerto en la cajuela de un Jetta, al parecer asesinado con torniquete, en el barrio de La Fábrica, en el Centro de la ciudad.
Y el lunes 16, fue cuando hombres armados le prendieron fuego a la Urvan y calcinaron al chofer frente a la colonia Jardín Azteca, y más temprano, ese mismo día, ocurrió el asesinato de la pareja de taxistas en la colonia Vista Hermosa. En tanto que el sábado 21, un hombre fue asesinado a balazos adentro de un taxi de la ruta Unidos por Guerrero y abandonado en las canchas del lugar. No se supo si se trataba del conductor.
Apenas iniciando abril, se conoció que uno de los pasajeros que resultó con quemaduras en la Urvan incendiada, también murió. Ese mes ocurrieron cuatro ataques contra transportistas, aunque en un caso el taxista logró huir y en otros dos sólo están involucrados los carros. El domingo 5, una camioneta alimentadora de la ruta Cruces-Izazaga fue balaceada y dos hombres resultaron heridos. Ese mismo día, otra Urvan de la ruta Aeropuerto-Vacacional fue hallada con dos hombres y una mujer asesinados dentro.
Los últimos hechos de este tipo ocurrieron el miércoles 15 de abril. A las 8 horas, un taxi azul con blanco fue perseguido a balazos en la colonia Garita. Según reportes policiacos, el conductor pudo salir ileso. Y a las 16 horas, el chofer de un taxi colectivo amarillo con blanco, fue asesinado a balazos por hombres arriba de una motocicleta, cuando el conductor se estacionaba en la calle 12 de la colonia Emiliano Zapata, cerca del Colegio de Bachilleres número 16.
Lo que va de este año no ha sido ni por asomo el más violento. Datos periodísticos indican que de 2020 al primer trimestre de 2026 han ocurrido un aproximado de 150 asesinatos de choferes del servicio público. Sólo en 2025 hubo 37 asesinatos; entre 2020 y 2023, los años más fuertes de la pandemia de Covid 19, hubo 80, un promedio de 26 por año; y en 2024, 35 casos.
A los casos de las colonias Jardín Azteca y Chinameca de este año, se suma el de 2021, cuando cuatro choferes de camiones urbanos del Bloque Uno que circula por la Costera, fueron hallados desmembrados en una
camioneta en la colonia La Cima.
Autoprotección
El chofer del taxi azul con blanco, abordado hace un momento en Las Anclas, se orilla como puede frente a la Delegación Centro de Transporte en la colonia Progreso, donde el delegado, Custodio Palacio Abarca, de todos modos, no recibirá al reportero.
Hay mucho tráfico. Desde hace un par de cuadras el taxista había dejado de responder. El miedo que reflejan los choferes del servicio público de transporte en Acapulco se expresa con el silencio.
En la Delegación, una casa habilitada como oficinas, sombreada por almendros, hay choferes fuera y dentro, todos con papeles en mano. Pocos hablan entre sí, más bien se respira un silencio pesado.
–Busco al delegado.
–Suba. En la primera puerta a la derecha, toque –dice un hombre que arregla papeles en un recibidor improvisado bajo las escaleras.
En la segunda planta no hay nadie. De la puerta de madera donde se toca sale una mujer.
–Busco al delegado…
–¿Quién lo busca?
–Soy reportero…
–Uuuy, no. Está muy ocupado, como acabamos de regresar de la semana de vacaciones tienen muchos pendientes.
–¿Le dejo mi teléfono para que me llame?
–Claro, yo le digo.
El delegado nunca llamó.
Fuera, un taxista al que se le hace plática de inmediato evade al reportero. Más adelante, en la esquina siguiente, otro chofer espera. Se le hace platica y de reojo responde a botepronto. Dice, escueto, que muchas veces son obligados a transportar de un área a otra de Acapulco droga, armas, o servir de halcones. Luego da la vuelta y se encamina de regreso a las oficinas. El miedo de los transportistas a menudo se expresa con silencio.
En la Delegación de Transporte de la Zapata se corre con mejor suerte. Aunque el delegado Miguel Castillo Zamora no está en este momento, días después responderá su teléfono proporcionado por su secretario. Fuera de la casa, habilitada también como oficinas, con una lona en el estacionamiento para cubrir el sol pero que acentúa más el calor, un taxista se resguarda bajo un almendro.
–Sí, la cosa está bien cabrona –dice cuando se le enumera la docena de asesinatos de colegas hasta ese momento, y que se busca al delegado para hablar del tema.
La calle está sola. Adentro de la colonia Zapata, donde las aguas residuales escurren como parte del paisaje y el sol arde con todo su colosal peso, pocos caminan por las aceras. Un hombre se asoma de un portón de enfrente, receloso.
–¿Usted no ha tenido problemas? –se le pregunta.
No responde. Mira si acaso se está grabando la plática. No.
–Síii. A mí me levantaron tres veces para extorsionarme –dice el taxista de unos 40 años.
–¿Y cuánto le pidieron?
–Las dos primeras veces me bajaron 60 mil pesos. La tercera dije: “ya no, estos cabrones ya me garraron de su puerquito” …
–Pero ¿qué hizo?
–Nos organizamos. Ni modo. Sí, es cierto, hay compañeros que tienen conocidos, que están conectados, pues, con otros grupos, y les pedimos su ayuda, su protección para que dejaran de extorsionarnos.
–¿Y sí?
–Así es. A nosotros no nos molestan.
La organización a la que pertenece este taxista dice que aglutina a 600 choferes, de los cinco mil que hay, de acuerdo con la Dirección Técnica de Transporte del estado. Es decir, otros cuatro mil 400 taxistas tienen que buscar cómo sortear los riesgos que implica trabajar, correr de un lugar a otro, transportar a miles de personas todos los días en una ciudad donde, hasta donde se alcanza a ver, hay seis grupos del crimen peleándose las calles.
Los seis en pugna
–Oiga, algunos transportistas mencionan que ciertas áreas del sector están controladas por el crimen y eso ha ocasionado el asesinato de sus compañeros ¿es cierto esto? –se le pregunta al delegado de Transporte, Miguel Castillo.
–El problema es que sí hay gente que anda en otras cosas –dice desde Acapulco–, pero a esos los mismos transportistas, los choferes organizados, no los consideran como tal. “Yo luego le he dicho a algún dirigente: ‘oye, te mataron a un chofer’, y me responde que no, que no lo conocía”. Te puedo asegurar que 85 por ciento del transporte es un sector noble.
–Pero han matado a muchos transportistas en estos primeros tres meses del año. Catorce hasta ahora…
–De esos yo te aseguro que 95 por ciento andaban en problemas de otro tipo. El único caso que creo que está libre de ese asunto es el de La Chinameca. Aún así, te digo, somos más los buenos que los malos.
–Aún así, le sigue preocupando a los taxistas…
–Sí, porque también está el tema del cobro de cuota o la extorsión. Además de los otros problemas. Por ejemplo, es difícil que un taxista que trabaja en la Costera haga viajes a Renacimiento o la Zapata, o que los de la zona poniente vayan para allá.
Aunque no hay consenso ni registros oficiales de cuántos y cuáles grupos delincuenciales operan en Acapulco, según diversas fuentes son seis: Cártel Independiente de Acapulco (CIDA), Los Rusos, Los Viagras, Los Capuchinos, Los Granados, y Los Maldonado.
Esta atomización de grupos criminales ocurrió cuando en 2009 fue abatido Arturo Beltrán Leyva, líder del cártel de los Beltrán que controlaba Guerrero y Acapulco. Y se exacerbó desde que en agosto de 2010, Édgar Valdez Villarreal fue aprehendido y extraditado a Estados Unidos. La Barbie se había quedado con el control del puerto luego de la muerte de su jefe.
Uno de los grupos que mantienen su presencia en el puerto es el CIDA, y es uno de los que más ha perdurado. Su aparición data de 2010, justo en el tiempo en que La Barbie fue arrestado. Es el grupo que ha buscado controlar la ciudad desde esos años. El segundo grupo que disputa por rutas y zonas del puerto son Los Rusos –ligado al Cártel de Sinaloa, en especial con la facción de Los Mayos–, con presencia marcada en Acapulco y la Costa Chica.
El tercero son Los Capuchinos, asentados en Acapulco‑Costa Chica, que mantiene una pugna histórica con el CIDA por el control de actividades ilícitas, incluyendo extorsión y rutas de transporte. El cuarto son Los Maldonado, que tiene origen local aunque, de acuerdo con diferentes fuentes, estableció alianzas con el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y se ubica en zonas de la costa y sierra cercanas a Acapulco. Ha participado en conflictos por control de territorio.
El quinto grupo son Los Granados. Aliados al CJNG en la región de Costa Grande, los Granados han ido en crecimiento en Acapulco. Controla al menos tres municipios de la Costa Grande, desde Atoyac hasta Tecpan. El sexto serían Los Viagras, otro grupo con presencia en la Costa Grande, sobre todo en los municipios de Petatlán y Zihuatanejo. Aunque de manera aislada también se le vincula a alianzas con el CJNG –que tiene el control de Lázaro Cárdenas, Michoacán– y se le menciona en confrontaciones violentas en Acapulco y corredores cercanos.
Además, Los Ardillos y Los Tlacos tienen cierta presencia en Acapulco, sobre todo en las áreas colindantes con su zona de influencia, como el corredor Tierra Colorada-Xaltianguis y aquellas zonas del municipio colindantes con la sierra de Chilpancingo, controladas en gran medida por los segundos.
Todo está pacificado
El director Técnico de Transporte, Arturo Salinas Sandoval, dice que luego del incidente en la Jardín Azteca donde el chofer fue asesinado e incendiaron la Urvan, luego de lo cual uno de los pasajeros murió por las quemaduras, la zona poniente de Acapulco “está pacificada. No ha pasado nada”.
–Pero la violencia hacia el sector no para –se le dice.
–Y les hemos dado respuesta –responde. Sus lentes oscuros impiden verle los ojos.
Llegó al restaurante al sur de Chilpancingo con el delegado de Transporte de la zona de la Zapata en Acapulco, Miguel Castillo, y su secretario técnico. Luego se sumó el diputado Vladimir Barrera Fuerte, presidente de la Comisión de Transporte del Congreso del Estado y su secretario técnico. Ahí, con aguas de sabor y cacahuates, platicaron primero acerca de la recién subida del pasaje en la capital y en Acapulco. Justificando el aumento.
–Es debido al conflicto internacional que ha subido el precio de los combustibles en todo el mundo –decía el funcionario. Los demás lo secundaban.
Hablaron de las pruebas piloto para poner en circulación una flotilla de vehículos híbridos del transporte público, lo que sería un gran ahorro de gasolina para los concesionarios y el consecuente impacto en las tarifas. Además del impacto en el medio ambiente.
–Pero de eso no se habla, jefe –dijo el secretario Técnico de la Comisión de Transporte. Su jefe asentía tras sus gafas oscuras.
Al diputado Vladimir se le había entrevistado en el Congreso una semana antes. Ahí, en el vestíbulo de la sala de sesiones, fue rodeado por los reporteros para que explicara por qué del aumento al pasaje sin previa autorización oficial. El diputado sorteó las preguntas. Terminando la entrevista colectiva, el reportero le preguntó por los hechos de violencias en contra de los choferes de Acapulco, que hasta ese momento sumaba una docena.
–Yo veo que el foco rojo está en la zona poniente, donde están las tres secciones de la colonia Jardín.
–¿No se han acercado con usted los transportistas para expresarle su preocupación?
–Sí, han expresado en general que sufren temas de inseguridad en esa zona y hemos platicado por esa preocupación que tienen.
–¿No le han pedido su intervención ante la Fiscalía, por ejemplo, para que sean esclarecidos los asesinatos?
–Así es, y yo les digo que las autoridades llevan su investigación, llevan esas denuncias y que se está trabajando al respecto. Que hemos hecho un llamado para que los tres órdenes de gobierno pongan más atención en los retenes, filtros de seguridad, a que se hagan rondines. Deben ser los tres órdenes de gobierno. No dejarle esa responsabilidad sólo a la Federación.
–¿No le han dicho cuáles son los factores y los actores de esa violencia?
–No, esa es labor de inteligencia policial. Pero es obvio, ¿no?
En la mesa del restaurante, cuando se le pregunta del tema a Arturo Salinas, dice que cuando ocurrió el ataque a la camioneta alimentadora de La Chinameca, la Delegación de Transporte de la zona de la Zapata puso un autobús urbano para trasladar a los alumnos y a los colonos porque las camionetas pararon.
–Gratis. No les cobrábamos nada –dice–. Lo puso aquí mi delegado.
Miguel Castillo asienta con la cabeza.
–Había cuatro camionetas dando el servicio –dice el delegado– ya sólo andan dos. Las otras dos, una era la del chofer que mataron y la otra de su hermano, que dejó de trabajar.
–Pero nosotros fuimos y limpiamos todo eso –sigue diciendo Arturo Salinas–, todo eso alrededor de la escuela de Bachilleres. Desmontamos, y nos llevamos con la grúa carros viejos que tenían años y servían hasta para esconderse ahí. Pusimos luminarias. Todos eso lo hicimos nosotros.
–Los choferes, los gremios, han demandado seguridad y garantía para hacer su trabajo, porque no las tienen. Han expresado que por temor muchos no hacen las rutas completas o no van de un lugar a otro.
–Hemos sido enlace con otras autoridades para garantizarles su seguridad. En algunos casos hasta hemos andado atrás de la Policía Estatal para que haga los rondines. Hemos andado atrás de los transportistas, juntos en esos rondines, supervisando.
–Es que no somos una instancia jurisdiccional –añade el delegado.
Momentos antes Miguel Castillo había dicho en la mesa, sin dejar de mirar su celular, que acababan de matar a otro chofer en Acapulco. Desde la pantalla de su teléfono se alcanzaba a ver la foto del hombre tirado bocabajo, muerto en la calle. Se refería al caso del taxista asesinado la tarde de ese miércoles 15, en la calle 12 de la colonia Zapata. Arturo Salinas no dijo nada.
Son las 18 horas. Ya todos los funcionarios están parados y se disponen a retirarse.
–Hay un problema de impunidad ¿no lo creen así? ¿Cómo califican el trabajo de la Fiscalía? –se les pregunta al director de Transporte y al diputado que tienen, de pie, una última charla.
–La Fiscalía es independiente –dice Arturo Salinas y zanja la plática. Vladimir lo secunda y lo sigue hacia la puerta.








