Kalpan: Desde el interior


Marlan Valverde
Chilpancingo
20 de febrero de 2026

 

“¿Nuestro rostro es el foco o es la mirada? 

¿Estás mirándonos o somos nosotros quienes te miramos?”

Cuando mis ojos se encontraron por primera vez con Kalpan, me quedé maravillada con la ilustración de la portada, desde las raíces de la naturaleza florece una mujer, con senos al descubierto y una máscara de tigre cubriéndole el rostro.

Pensé en descifrar el significado del título del libro, primero por lo que provocaba en mi comprensión la portada y segundo por la primera lectura de la obra; al terminar me encomendé a la tecnología para traducir y para mi sorpresa, como muchas veces, quedé maravillada con las palabras. 

Kalpan es una palabra nahua, que como muchas palabras en lenguas originarias, tiene variedad de interpretaciones.

Kalpan se traduce como “en el interior”, “en la casa”, “en el espacio que se habita”. Es precisamente ahí, donde se desarrollan los poemas que enuncian desde un espacio vivido, el cuerpo, la lengua, la memoria y la comunidad. 

La poeta Ateri Miyawalt, escribe desde las heridas abiertas de un territorio atravesado por la violencia estructural, desapariciones y desplazamiento forzado, así como la opresión de las comunidades indígenas. Su obra forma parte del movimiento literario indígena, que se aleja del testimonio y el folclor, para ser un manifiesto donde la crítica social y la política abrazan la estética de la poesía.

“Oscurecía / nos preguntamos si quizá / aquellos hombres a quienes levantaron / seguían vivos / en algún pueblo pequeño haciendo trabajos forzados”.

La obra reúne 15 poemas, doce bilingües, uno solamente en español y dos en náhuatl. No solo se pone sobre la mesa la revitalización de las lenguas originarias en la literatura contemporánea, también se utiliza como instrumento para exponer que el náhuatl no es decorativo, es resistencia frente a una historia de colonización lingüística, que sigue pesando y teniendo repercusiones en las formas de hacer comunidad.

Recuerdo que en mis días en las aulas de la Facultad de Filosofía y Letras, los profesores nos compartían sus experiencias personales o con alumnos a los que el sistema había orillado a rechazar sus orígenes, ocultar su lengua, su modo de vestir, etcétera. Todavía en mis años universitarios, que fue hace muy poco, se daban casos iguales y, estoy segura que actualmente se seguirán dando. 

Esta fragmentación de identidad nos afecta como sociedad y transgrede a las comunidades originarias. Por ese motivo, es tan importante obras como Kalpan, que sirvan de brújula para aquellos que perdieron o están perdiendo su identidad, sus raíces, su origen.

Nombrarse como resistencia, escribir como activismo, hablar en lengua como acto político. No es moda, es dignidad recuperada. 

Desde el interior se escribe la poesía, Miyawaltl, apuesta por la poesía breve, contenida, con las palabras precisas, pero potentes, con las que obliga al lector a aceptar la opacidad.

Avanza, con su ejército de silencios, observando el impacto de la violencia y nuestra realidad contemporánea, desde lo íntimo, lo cotidiano, lo sensible. El cuerpo recuerda, el interior es el hogar, es el lugar seguro donde habita todo, incluso el dolor.  

El yo poético, mira el dolor de frente, aceptando que es parte de su realidad y no le pide explicaciones, solo le pide que escuche.

“A lo lejos escucha como llora su pequeña hija / ella está tirada / no se entristece / es humana antes que madre”.

Kalpan no es solo un libro que se lee, es un espacio que se habita. A través de la lengua, Ateri Miyawalt nos recuerda que la identidad no es una herencia fija, sino una práctica cotidiana que se defiende, se nombra y se reconstruye.

 

 

En un contexto donde históricamente se ha obligado a las comunidades originarias a callar o traducirse para existir, esta obra devuelve la palabra a su lugar de origen y cuestiona las estructuras que siguen produciendo vergüenza, silencio y fragmentación. 

Leer Kalpan es aceptar que la poesía también es memoria viva y una forma de resistencia frente al olvido impuesto. Desde el interior se escribe, desde el interior se resiste. 

Kalpan nos invita a volver a la casa, al cuerpo, a la lengua que aún late, incluso, cuando ha sido negada. En ese espacio íntimo, donde habitan la herida y la fuerza, la poesía no pide permiso para existir: se pronuncia, escucha y permanece. 


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