Por proteger sus tierras, masacra organización criminal a una familia en San Miguel Totolapan
Arturo de Dios PalmaChilpancingo28 de agosto de 2026
Un grupo armado masacró a seis personas la madrugada de este jueves en la comunidad serrana Cerro de la Lumbreras, en el municipio de San Miguel Totolapan, en la Tierra Caliente.
De acuerdo a testimonios de los pobladores, a las 4 de la mañana irrumpió a su comunidad el grupo armado y comenzaron a atacar a las viviendas.
Sin embargo, según el testimonio, atacaron directamente la vivienda de la familia Hernández Solano, donde fueron asesinadas seis personas.
Los pobladores identificaron a cuatro de las seis víctimas con los nombres de Genaro, Milo, Porfirio y Basilio; entre las víctimas está una mujer con discapacidad.
La irrupción, de acuerdo a los pobladores, la encabezó Leonel Barragán Tolentino, alias La Changa, presunto integrante de la organización criminal Los Tlacos.
Explicaron que el ataque se debió a que se negaron a venderles sus tierras. Detallaron que desde hace meses los han acosado para que les entreguen sus tierras y sus árboles.
Contaron que, tras el ataque, la mayoría de los pobladores salieron huyendo y ahora se encuentran refugiados en pueblos cercanos.
Durante este año, los ataques a comunidades serranas han sido constantes. Todas las agresiones tienen un común denominador: las organizaciones criminales intentan despoblar las comunidades para apropiarse de sus recursos naturales, como el agua y los bosques.
Apenas el 21 de agosto a la comunidad Los Bayados, en la sierra del municipio de Ajuchitlán del Progreso, en la Tierra Caliente, llegó un grupo armado y los atacó. Según el relato de una pobladora, el ataque duró ocho horas.
Este no es el primer ataque contra Los Bayados. Hace tres años llegó un grupo armado y los atacó igual. Esa vez salió huyendo la mayoría del pueblo; ahora apenas son ocho las familias que resisten en medio de la nada.
“Nos han dicho que quieren nuestras tierras, pero acá no hay nada, apenas y podemos sobrevivir”, dijo la pobladora.
La Sierra —junto a la Montaña— es una de las regiones que más ha sido empobrecida en Guerrero. Está integrada por miles de pueblos donde casi no hay nada: ni centros de salud, ni escuelas, ni caminos, ni energía eléctrica, ni agua potable. Hay comunidades que no tienen ningún centímetro de pavimentación.
También es una región que ha sido asolada por las operaciones de contrainsurgencia del Ejército desde los años 60 con la guerrilla del profesor Lucio Cabañas Barrientos y a finales de los años 90 y principios de los 2000 con la presencia del Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI).
Hace más de ocho años perdieron la fuente económica que sostuvo a la región durante muchos años: el cultivo de amapola. El fentanilo (droga sintética de bajo costo) desplazó al opio en Estados Unidos y el precio del kilo de goma pasó de 30 mil a 6 mil pesos.
Este cultivo dejó de ser rentable para los pobladores, pero también para las organizaciones criminales que les compraban sus cosechas. Todos buscan sustituir lo que obtenían de la amapola. Cada quien lo hace a su forma. Algunos ejidos han conseguido permisos oficiales para el aprovechamiento forestal sustentable. Los criminales optaron por la clandestinidad, el despojo y la violencia.
Hace unas semanas la Familia Michoacana atacó desde los cerros y con drones a la comunidad de El Pescado, ubicada en el ejido de Guajes de Ayala en la sierra de Coyuca de Catalán, también en la Tierra Caliente.
Los pobladores de El Pescado descubrieron un campamento donde la Familia Michoacana organizaba los ataques. Había decenas de bombas artesanales, trincheras, químicos, equipo táctico.
Javier Hernández Peñaloza, poblador de El Pescado, lo ha dicho claro: la Familia Michoacana quiere sus bosques, su madera. Los quiere desterrar para quedarse con sus recursos naturales.
En diciembre del 2022, a la comunidad de El Durazno, en la sierra de Coyuca de Catalán, llegaron unos 100 integrantes de la Familia Michoacana; llamaron a los pobladores para que se reunieran en el patio de la primaria. Apenas comenzaban a llegar los primeros y asesinaron a siete, incluido un adolescente de 11 años entre ellos.
Esa vez, pobladores de El Durazno denunciaron que la masacre se debió a que no quisieron ceder a la Familia Michoacana parte de sus huertas de aguacate ni de su bosque.









