Taxco: un silencio impuesto por
el miedo y la desaparición forzada


Arturo de Dios Palma, Jesús Guerrero y Emiliano Tizapa
Chilpancingo
20 de abril de 2026

 

En Taxco, a las personas desaparecidas se les busca en silencio.

La violencia implantó el miedo suficiente para que las familias no puedan salir a las calles, a los mercados o a los cerros a buscar a los hijos, hijas, madres, padres, hermanos y hermanas que fueron desaparecidos.

El miedo no ha permitido que los familiares se organicen: en Taxco no existe un colectivo de familiares de desaparecidos, pese a que las desapariciones se cuentan por cientos y, lo peor, que no paran.

Si un familiar quiere buscar a su pariente que fue desaparecido, no hay otra opción: se tiene que desterrar de Taxco. Lo tiene que buscar desde lejos. Quedarse implica amenazas y el acoso permanente de las organizaciones criminales, al mismo tiempo que las autoridades no moverán un dedo ni para buscar a su familiar ni para detener las amenazas o el hostigamiento.

Taxco es muy distinta a muchas ciudades de Guerrero; hay varias diferencias, pero una bien marcada: su arquitectura colonial. En este momento hay otra distinción que pudiera pasar desapercibida: por la ciudad es muy difícil hallar paredes llenas de fichas y fotografías de personas desaparecidas, como sucede en Acapulco, Chilpancingo, Iguala o Zihuatanejo. La lógica podría decir que no se hace para cuidar la imagen de este Pueblo Mágico, pero no es así. Detrás de la ausencia de las fichas está el miedo.

En Taxco solo en un lugar  hay fichas y fotografías de personas desaparecidas: es el parque Vicente Guerrero, donde pegó ejemplares a finales del 2025 la colectiva Memoria, Verdad y Justicia de Acapulco.

Pero no sólo es la ausencia de fichas y fotografías, es la falta de un registro y la carencia de denuncias penales ante el Ministerio Público.

¿Cuántas personas están desaparecidas en Taxco? Es imposible saberlo. No hay registro. Sin embargo, los esfuerzos individuales podrían dar una idea. Un grupo de jóvenes —que no se identificará por seguridad— desde 2022 ayuda a familiares a diseñar fichas de localización para difundirlas en redes sociales, porque en Guerrero, si no hay una denuncia penal, la Fiscalía General del Estado (FGE) no difunde la ficha de búsqueda.

Este grupo indica que desde 2022 hasta ahora han ayudado a 62 familias a diseñar y a difundir las fichas de sus familiares en redes sociales. Muchas de estas no presentaron denuncia por temor. De esas 62,  han hallado a 19 personas: unas vivas, otras muertas.

Otros pobladores —de quienes tampoco revelaremos sus identidades— son más contundentes: la cifra en los últimos cuatro años podría llegar a las 300 desapariciones.

El dato es creíble. De 2021 a 2024, Taxco fue gobernado por Mario Figueroa Mundo. En su gobierno, la Policía Municipal desapareció personas y cavó fosas clandestinas para enterrar a sus víctimas.

Este dato es elocuente de lo que se vivió: Figueroa Mundo tiene una orden de aprehensión por el delito de desaparición forzada. Está prófugo desde el día que entregó el gobierno. Su hijo mayor, Mario Figueroa Villa, está preso por el delito de desaparición.

Figueroa Mundo se fue y las desapariciones ahí siguen. Una de las últimas puso a Taxco en la mira de todos: la semana pasada hombres armados se llevaron al director del hospital IMSS-Bienestar, Juan Vega Arredondo; dos días después, su hijo, el alcalde Juan Andrés Vega Carranza, fue a negociar su liberación y también fue privado de su libertad.

Esta desaparición fue estruendosa: a la ciudad llegaron 500 soldados del Ejército y la Guardia Nacional, así como agentes de la Policía Estatal y la fiscalía. Cercaron Taxco. Sobrevolaron helicópteros hasta que obligaron a los criminales a liberarlos.

 

 

Tal vez, una de las últimas protestas que atendió el alcalde Juan Andrés Vega Carranza fue el Jueves Santo en la avenida Los Plateros. Esa mañana, la familia de Jesús Alberto Jaimes Brito bloqueó la avenida para pedir que lo liberaran con vida y para que las autoridades lo buscaran. Esa vez, el alcalde llegó con el objetivo de liberar la vía y no para localizar a Jesús Alberto.

La última vez que su madre y su padre vieron a Jesús Alberto fue el domingo 29 de marzo. Los tres estaban en su casa. Era de noche. Los padres escucharon ruidos en la calle. La madre se asomó por la ventana y vio cómo unos jóvenes intentaban encender una cuatrimoto. Luego escucharon que se abrió la puerta y salió Jesús Alberto. No lo volvieron a ver.

En la madrugada salieron rumbo al aeropuerto de la Ciudad de México para recoger a sus otros tres hijos que llegaron de Estados Unidos. Jesús Alberto y sus hermanos son ciudadanos estadounidenses y viajaron para festejar el cumpleaños de su madre. Jesús Alberto había llegado días antes.

Ese día, el padre se perdió para llegar al aeropuerto y eso retrasó su regreso a Taxco. Cuando llegaron, Jesús Alberto no estaba. No se alertaron; pensaron que había salido y que en cualquier momento regresaba, como siempre. Sin embargo, al día siguiente no lo vieron en su recámara. Comenzó la alarma.

El martes Jesús Alberto no regresó; su celular estaba en su habitación. Ese día se animaron y fueron al Ministerio Público a denunciar. Lo primero que le preguntaron al padre fue si Jesús Alberto era drogadicto, borracho o si “andaba en cosas malas”.

Jesús Alberto vive en Estados Unidos y vuelve a Taxco en algunas temporadas del año.

El padre denunció que Jesús Alberto desapareció junto a su motocicleta. Pidió a la Fiscalía que revisara las cámaras que hay cerca de su casa y todas las de la ciudad, para identificar si a su hijo lo sacaron en la moto. En su calle dice que hay varias cámaras, unas públicas y otras privadas. Sin embargo, sus vecinos no han permitido ver los videos.

“Me dicen que no sirven, otros que ya las quitaron. Pienso que no lo hacen porque hay represalias; me imagino que sienten que se van a perjudicar, porque acá uno debe ser prudente y callado”, dice el padre.

Ubicar la moto puede ser esencial para localizar al joven. En su celular hallaron un mensaje de un contacto que no tiene fotografía, que le pide a Jesús Alberto que no salga, que se va a llevar la moto y que luego le dé la factura.

Al segundo día de la denuncia, la familia decidió bloquear la avenida Los Plateros. Fue esa vez que llegó el alcalde. En la protesta recuerdan cómo varias personas se les acercaron para desanimarlos: “Ya no hagan nada, mientras más hagan, más feo le van a hacer a su hijo”.

Esa vez levantaron el bloqueo porque el alcalde les prometió una reunión. En la reunión les reclamó: “Ya dejen de compartir la ficha de búsqueda, ya anda por todos lados”, se quejó el edil. 

Ese día tampoco hubo un ofrecimiento para buscar a Jesús Alberto.

“Para mí, el punto del alcalde era que no cerráramos las calles; no le preocupa mi hijo, su preocupación era que no afectáramos el turismo”, dice la madre.

De la desaparición han pasado 19 días y los padres de Jesús Alberto no han recibido ninguna información. La Fiscalía no les ha informado si ya revisaron las cámaras, tampoco si ya examinaron el celular ni si ya identificaron a la persona que le envió el mensaje. Lo único que les han dicho es que hicieron una búsqueda hacia el municipio vecino de Tetipac, donde está la guarida de los líderes de la Familia Michoacana en Taxco.

Los otros tres hermanos de Jesús Alberto ya regresaron a Estados Unidos. Sus padres casi los obligaron a hacerlo por el temor de que les pase algo también a ellos. En Taxco, dice el padre, se sienten muy solos y muy expuestos. Se animaron a denunciar porque no resisten la idea de no volver a ver a Jesús Alberto.

 

 

El mediodía del lunes 14 de abril, Jazmín Huerta se enteró de la gran operación que se implementó en Taxco para buscar al alcalde y a su padre. Se llenó de coraje. Luego corrió hacia las instalaciones de la fiscalía en Chilpancingo. Se paró en la dependencia y les reclamó que para su padre, Miguel Huerta Torres, nunca había ni tiempo ni agentes para realizar una búsqueda en el municipio de Tetipac.

“¿No que a Tetipac no podían entrar?”, les reclamó hasta las lágrimas.

Jazmín Huerta, su madre y su hermano son desplazados. Hace tres años vivían en Temaxcalapa, en Taxco. 

Era la tarde del 28 de febrero del 2023, Miguel Huerta, servidor de la Nación, llegó a Temaxcalapa a encabezar una reunión con los pobladores, cuando dos taxis se estacionaron fuera de la comisaría. Eran hombres y una mujer, todos armados. Se metieron y lo sacaron por la fuerza, lo golpearon, lo subieron a uno de los taxis y se lo llevaron.

Después, los dos taxis con los armados regresaron al pueblo. Esta vez acudieron a la casa de Miguel Huerta. Ahí estaban su esposa y su hijo; los dos salieron y frente a ellos los delincuentes siguieron torturando al servidor de la Nación. Los hombres que se lo llevaron le advirtieron que no denunciaran o les pasaría lo mismo.

Durante un tiempo la familia no denunció, pero recuerda Jazmín que tomaron la decisión de hacerlo y asumieron el costo: desplazarse, dejarlo todo. 

“Lo hicimos porque en Taxco no había apoyo; yo comencé a investigar sobre algún colectivo y nada, me tuve que agrupar en uno de Chilpancingo”.

Jazmín Huerta y su familia buscan a su padre a la distancia. No han podido hacer una búsqueda en campo por el riesgo; las autoridades han hecho dos, pero ignoran los puntos que les indica la familia. La joven, desde Chilpancingo, hace su propia investigación y mantiene contacto con otros familiares de desaparecidos que le piden que comparta sus fichas porque ellos no pueden hacerlo estando en Taxco.

“Los que se quedan en Taxco están condenados a llevar la desaparición de su familiar en silencio. Me han contado algunas víctimas que, si alzan tantito la voz, han tenido mala suerte. Han tenido malas experiencias”.

Todo lo que está pasando en Taxco no es nuevo; ha estado ahí desde hace mucho, pero muchos han preferido ignorarlo.

El inicio de la violencia en Taxco, recuerdan los pobladores, fue en el gobierno del panista Ramiro Jaimes Gómez (2005-2008). Todos también recuerdan quién era el jefe de escoltas de ese alcalde: José Ranulfo Zagal Maldonado, alias El Rani, ahora preso en el penal del Altiplano pagando una condena de 70 años por los delitos de secuestro y delincuencia organizada.

El Rani durante años fue el líder de la organización criminal la Familia Michoacana en Taxco, Tetipac y Pilcaya. Está encarcelado, pero desde hace seis años su hijo, Roberto Carlos Zagal, alias El Pelón, está a cargo.

Violencia y turismo en Taxco han ido de la mano, aunque en direcciones distintas. La violencia va en aumento, cada vez más extrema y, el turismo,  cada vez más raquítico.

Pobladores, empresarios y artesanos coinciden en la historia de los últimos 20 años de Taxco, de cómo el crimen se fue convirtiendo en el personaje protagónico. En los tiempos de Jaimes Gómez, cuando El Rani era un escolta, ya estaban las organizaciones criminales, el cártel de los hermanos Beltrán Leyva, pero todo era tranquilidad.

Jaimes Gómez le entregó el ayuntamiento al priista Álvaro Burgos Barrera. Vino el primer quiebre con el asesinato de Arturo Beltrán Leyva en 2009. Llegaron Los Rojos y comenzó la disputa con los Guerreros Unidos.

La violencia no paró; incluso, el 30 de noviembre de 2011, hombres armados rafaguearon la fachada de la casa del alcalde. Burgos Barrera se vio obligado a pedir licencia.

En 2012 llegó el priista Salomón Majul González; en este periodo Taxco se convirtió en el bastión de Guerreros Unidos. Estuvieron poco tiempo; en septiembre del 2014 vino el ataque, asesinato y desaparición de normalistas de Ayotzinapa en Iguala. Guerreros Unidos fueron desmantelados por la presión del caso. De acuerdo con informes oficiales, Gildardo López Astudillo, El Gil o Cabo Gil lugarteniente de Guerreros Unidos, estuvo refugiado en Taxco hasta antes de su detención en septiembre de 2015.

Por el Caso Ayotzinapa fue detenido por sus vínculos con Guerreros Unidos el ex director de la Policía Municipal de Taxco, Eruviel Salado Chávez.

El entonces alcalde, Majul González, fue incluido por la entonces Procuraduría General de la República (PGR) en una lista de diez presidentes municipales de Guerrero con presuntos vínculos con organizaciones criminales.

El desmantelamiento de Guerreros Unidos marcó el segundo punto de quiebre en Taxco: entró a la escena la Familia Michoacana. En 2015, Majul González se convirtió en candidato a diputado federal, ganó la elección y su primo, Omar Jalil Flores Majul, gobernó Taxco.

El gobierno de Flores Majul quedó sellado con el asesinato del periodista Francisco Pacheco Beltrán, de 49 años, director del Foro de Taxco, la mañana del 25 de abril de 2016. 

La familia de Pacheco Beltrán salió de Taxco por las amenazas de hombres armados. Años después, su hija Priscila Pacheco denunció que una de las últimas notas que escribió su padre la tituló “Patrullas inservibles”, que explicaba cómo las unidades de la Policía Municipal no servían mientras la violencia aumentaba.

Flores Majul dejó la alcaldía, se hizo candidato a diputado local y ganó la elección. En 2018 ganó la alcaldía el frente PAN-PRD-MC encabezado por el panista Marcos Efrén Parra Gómez. La violencia continuó.

Ese año, la operación de El Rani quedó completamente al descubierto: en febrero asesinaron en la carretera Taxco-Iguala a los sacerdotes Germaín Muñiz García e Iván Añorve; en noviembre, tres policías estatales y un paramédico de la Cruz Roja fueron asesinados en la comunidad de San Juan Tenería, ubicada entre Taxco y Tetipac. De los dos ataques las autoridades responsabilizaron a El Rani.

El 28 de mayo de 2019, cinco narcomantas aparecieron en las comunidades de Acamixtla y Cedrito de Taxco, adjudicadas por una célula del CJNG, en las que advertían a Parra Gómez que tenía que “alinearse”; además, mencionaron a los ex alcaldes Burgos Barrera, Flores Majul, Abraham Ponce Guadarrama y Jaimes Gómez.

El 19 de noviembre del 2020, el Ejército detuvo a El Rani luego de atacar un convoy militar. Ese fue el tercer quiebre en la historia criminal de Taxco. Roberto Carlos Zagal, El Pelón, tomó el control.

En 2021, Mario Figueroa Mundo fue el candidato del partido Fuerza por México. Ganó la elección. Comenzó su gobierno y se declaró morenista. 

En tres años, Figueroa Mundo convirtió a Taxco en un terror constante: se dispararon los asesinatos, las desapariciones y la extorsión se profundizó.

Desde que ganó la alcaldía, siempre estuvo señalado de ser el candidato de la Familia Michoacana. En su gobierno eso se concretó.

La Familia Michoacana se enraizó en Taxco: Figueroa Mundo le entregó la Policía Municipal; los agentes eran los que desaparecían, los que asesinaban y los que extorsionaban. Nadie se salvaba: reporteros fueron privados de su libertad, comerciantes fueron asesinados, tortilleros y choferes del transporte público fueron atacados. 

Un ejemplo: el comerciante de plata Enrique Hernández Avilez fue asesinado y luego enterrado en una fosa clandestina que los propios policías municipales cavaron.

Con Figueroa Mundo, Taxco se convirtió en la joya de la corona. Se han impuesto en todo: distribuyen y controlan precios de casi todos los productos. A Taxco lo convirtieron en su centro de extorsión y a Tetipac, el municipio vecino, en su guarida, en su centro de castigo.

Un mes antes de que concluyera la administración de Figueroa Mundo, la FGE tomó el control de la Policía Municipal. Detuvo a diez agentes y los acusó de asesinato y desaparición forzada. Un segundo hijo de Figueroa Mundo fue detenido acusado de narcomenudeo.

En 2024, Figueroa Mundo intentó reelegirse como candidato de Movimiento Ciudadano. Todos sabían que la disputa por la alcaldía era de dos: Morena y el PAN. Figueroa Mundo estaba descartado. Ganó el candidato de Morena, Juan Andrés Vega Carranza, con poco más de 17 mil votos.

Figueroa Mundo apenas alcanzó a entregarle la alcaldía a Vega Carranza cuando salió huyendo.


 

 

Chirrionazo

El patriarca del gobierno de Guerrero, Félix Salgado Macedonio, no hay semana que nos deje sin regalarnos una joya. Un día se avienta a los brazos de una multitud con aires de faraoncillo y otro aparece en Perritos Felices metiendo goles de punteraso a porteros sin piernas ni brazos.

Mientras Guerrero arde por la violencia, él se dedica a realizar sus bufonadas, como la del pasado viernes que le festejó a su perro Aquiles.

A los funcionarios que fueron al festejo les puso como condición llevar comida para los invitados y para los perritos. Con bolsas de croquetas y hasta collares llegaron los invitados. La fiel sindica de Acapulco, Estrella de la Paz Bernal, le llevó hasta una novia canina al perrito Aquiles. Ahí el senador dispuso una alfombra roja en la recepción e imitó con su voz fingiendo ser el perrito. Además, amagó con chayotear a los reporteros que fueron.

Por cierto, en primera fila estaban sus hijas Celeste y Liz Adriana, a quienes ya las comienza a promocionar como aspirantes a las alcaldías de Iguala y Acapulco. Por aquello de que no él no va por la gubernatura.