Cielo Tixtleco, el rescate del son
Luis Daniel NavaTixtla 1 de noviembre de 2026
Primera de tres partes
El grupo de sones de tarima “Cielo Tixtleco” fue seleccionado entre los 40 mejores Músicos Tradicionales Mexicanos por la Secretaría de Cultura del gobierno de México.
“Es una gran oportunidad para crear música tradicional, preservar los sones e integrar los que no se ejecutan o no están grabados”, dijo en entrevista la maestra e integrante de la agrupación, Zyanya Analco Cipriano.
El 20 de agosto de este año, el programa “Músicos Tradicionales Mexicanos” del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC), antes Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), de la Secretaría de Cultura, dio a conocer a los artistas de todo el país que, por su trayectoria, calidad musical y proyecto para preservar la música tradicional, serán acreedores a una beca por uno (categoría A) y dos años (categoría B).
Son 40 artistas y grupos que aparecen en la selección 2026. Entre ellos aparecen dos grupos y un músico guerrerenses que lograron posicionarse en la categoría B.
Se trata de “Cielo Tixtleco”, representado por Zyanya Nallely Analco Cipriano, y “Erick de Jesús Ocelotl, Canto y Son Guerrerense” (de Chilpancingo), de Heriberto de Jesús Romero.
Así como el guitarrista mè’phàà, Jalil Mosso Castrejón (Bègò Mosso).
La entrevista con los tres integrantes de Cielo Tixtleco se realizó en un domicilio en Chilpancingo. Juan Carlos Isauro Lucas, un profesor originario de Tixtla, dio la bienvenida con un mezcal de la localidad de Almolonga.
Estuvieron Zyanya Nallely, maestra de educación artística, originaria de Tecoanapa, municipio de la Costa Chica, y Alondra Sinaí Bernabé Analco, estudiante de artes de Chilpancingo.
Los tres vistieron una indumentaria típica y elegante con bordados de chaquira, como lo hacen en una presentación.
La sala de la casa es un set para tocar sones; al fondo hay un mural realizado por Abraham Flores Ramírez. En la pintura aparece el papá de Zyanya, Francisco Analco Guerrero, zapateando junto a su sobrina Alondra, y a su alrededor hay elementos de su natal Tecoanapa y de municipios de la zona Centro.
Cielo Tixtleco se creó en 2010 en la ciudad de Tixtla por un grupo de amigos que tenían el gusto por el fandango, una fiesta con zapateado y música tradicional en vivo.
Su primera presentación artística fue el 7 de septiembre de 2010 en honor a la Virgen de la Natividad, en el barrio mágico de El Santuario.
Empezaron con tres integrantes: Zyanya y los hermanos Juan Carlos y Julio César Isauro Lucas. Llegaron a ser seis: dos tocaban la vihuela, otro el arpa y uno más el cajón. Dos bailaban y se iban rotando. Otros integrantes fueron Karla Guerrero y Humberto Arcos.
La formación musical de sus integrantes ha sido a través de la enseñanza de maestros de la tradición del son de tarima en ese municipio.
“Estamos acá por el gusto, la pasión hacia nuestras tradiciones, en este caso del municipio de Tixtla”, dice la maestra.
Cielo Tixtleco también ha contribuido a la comunidad al impartir talleres en comunidades indígenas y afromexicanas, y desde hace 16 años ininterrumpidos organiza el Encuentro Nacional de Música Tradicional Fandango “Vida y Son”, que se realiza del 27 al 30 de diciembre en Tixtla.
Además, organiza la logística del fandango tradicional en honor a la Virgen de Guadalupe del barrio de La Villa, desde el 2011.
En su caso, recuerda la maestra Zyanya, su gusto nace en el seno familiar, en la Costa Chica, una región rica en danza, música y tradiciones.
Su abuelo, Timoteo Analco Matildes, bailaba en la tradicional “artesa” o los sones de artesa en la región.
“En las bodas antes, en la Costa, se utilizaba la artesa y esa gente es la que bailaba; prendían fuego con aguardiente y se apagaba zapateando la artesa, al igual que mi tía y mi abuela.
“Yo estudié danza, toda la vida he bailado y, cuando tuve oportunidad de estar en Tixtla, el fandango me atrapó: ver esa magia, esa organización de compartir el baile y escuchar la música en vivo”.
Por su parte, Juan Carlos Isauro rememora que a su abuelita, Francisca Lucas Aguilar, le gustaba ser parte de la fiesta de su localidad, Zoquiapa, municipio de Tixtla.
En el festejo al Señor San Lucas, el 18 de octubre, bailaba un torito al son de la banda de música de viento.
“Me contaban que bailaban por las calles de terracería por donde pasaba la fiesta hasta llegar a la iglesia; también era una de las principales cocineras del pueblo”.
A la familia del músico también le gusta ser parte del fandango tixtleco.
Alondra Sinaí, la más pequeña del grupo, inició como bailarina a los seis años, luego aprendió a tocar la vihuela y ahora toca el tambor. Estudia una licenciatura en Educación Artística en Tixtla y otra en Artes en la Escuela Superior de Artes de la Universidad Autónoma de Guerrero.
Foto 1……..
**El camino**
Una de las dificultades que han encontrado en su andar ha sido el financiamiento de sus presentaciones y giras, por lo que han tenido que poner de su bolsa. Venden mezcal y artesanías, y también han contado con la solidaridad de la comunidad artística.
“Por salir a promover la cultura uno hace lo posible para cubrir y llevar las cosas. Contamos con un cochecito, un Chevy Pop de cinco puertas; si hablara, contaría mil experiencias.
“Uno acomoda las cosas, no sabemos cómo, pero se va el arpa, la vihuela, el cajón, nosotros y hasta bailadores”, cuenta Juan Carlos.
La dificultad principal es conseguir los viáticos, complementa Zyanya.
“Es a través de llevar mezcal o artesanías a vender para cubrir los gastos de traslado; no a todos lados vamos gratis, también hay trueque: vamos a lugares y esos grupos vienen a tocar o dar talleres”, dice la maestra.
Es muy difícil, las artes son muy mal pagadas o no las quieren pagar, añade.
“Todo ha sido por el gusto, invertimos en lo que nos gusta, algunas personas nos llamarán locos, pero disfrutamos mucho de los fandangos de Tixtla y, cuando salimos, nos impregnamos de otros conocimientos”.
La beca, explica Cielo Tixtleco, servirá para, en un álbum musical, crear nuevas piezas musicales y hacer un homenaje a pioneros de los sones de tarima, como la extinta maestra Isaura Ramírez Basilio, “Chagüita”, fallecida el 16 de diciembre de 2023.
“Es una gran oportunidad para crear música tradicional, preservar los sones e incluso integrar sones que actualmente no se ejecutan o que no están grabados. Tal vez en el fandango sí se escuchan, se promueven, pero sabemos que lo que no se graba y no se escribe, con el paso del tiempo se pierde”, explica Analco Cipriano.
Considera a la maestra “Chagüita” como una promotora incansable del son de tarima y resalta que tuvieron la oportunidad de que les compartiera experiencias, sones y versos.
“Son maestros que van guiando en este camino que es la tradición; es honrarlos y llevar este conocimiento a la luz, a que lo conozca más la gente”.
Como parte de la retribución social de la beca, impartirán talleres en comunidades indígenas de Almolonga y Atliaca.
En este cierre de 2026, participaron y participarán en foros de música tradicional, como en la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), en un encuentro nacional de mariachis en Jalisco y en una semana de música tradicional en Morelia, Michoacán, donde llevarán los sones de tarima.
“Los que escuchan otra música es porque desconocen la que les da identidad, pero cuando la oyen los atrapa, y lo maravilloso es que es música antigua que ha pasado de generación en generación. Los sonidos son una magia que nos conecta y hace que convivamos alrededor de la tarima”, expresa Zyanya Nallely.








