Candidatura de Añorve,
no entusiasma ni a los priistas

Arturo de Dios Palma, Jesús Guerrero y Emiliano Tizapa
Fotografía: Ramón Gracida
¿Cuántas veces se ha destapado Manuel Añorve Baños para la candidatura del PRI a la gubernatura de Guerrero en 2027?
¿Alguien se ha dado cuenta?
En los últimos meses, por lo menos en cuatro ocasiones Añorve se ha destapado o lo han destapado (de seguro por iniciativa de él mismo) y apenas ha generado unas olitas. Sus insistentes destapes, ni en el interior del PRI generan entusiasmo. Nadie se emociona con esa posibilidad.
Mientras Añorve se destapa sin cesar, todos están mirando cómo intentan construir otra infamia: los malabares de Félix Salgado Macedonio por incrementar de manera potencial su cacicazgo: heredar de su hija Evelyn Salgado Pineda la gubernatura.
Todos en tiempo real miraron cómo Morena confirmó su incongruencia y su falta de principios. Senadoras y senadores y luego los diputados y diputadas aprobaron que la ley contra el nepotismo electoral se aplique hasta 2030, es decir: le dejaron una posibilidad para que Salgado Macedonio se pueda postular como candidato en 2027.
¿O todavía confían en que Morena y Salgado Macedonio se comporten éticamente en 2027?
Ya ven, cómo es bien fácil ignorar la candidatura de Añorve.
Pero seguimos: ¿Por qué la candidatura de Añorve no entusiasma?
Por varias razones. Acá unas de ellas.
La principal es porque en el PRI ya quedan muy pocos; en Guerrero desde que perdieron la gubernatura la desbandada tomó un ritmo vertiginoso y, nadie la ha podido parar. Hasta los que se decían los más priistas se fueron: como el ex gobernador Héctor Astudillo Flores y toda su pandilla.
¿Por qué se fue Astudillo Flores si como último gobernador priista pudo ser el líder de lo sobrante?
Se fue por un pleito con el dirigente del PRI nacional, el diputado federal y multiseñalado por corrupción, Alejandro Moreno Cárdenas. Un pleito donde Añorve Baños tomó partido por el líder nacional.
El PRI se fue quedando vacío desde que en 2018 se presentó la nueva maquinaria electoral en el país: Morena. El nuevo partido hegemónico que a paso veloz se fue haciendo uno a uno de casi todos los cargos de elección popular. Del 2018 al 2024 logró apoderarse de la presidencia de la República, el Congreso de la Unión, 23 gubernaturas y 27 Congresos locales.
Ese nuevo escenario descontroló a todos los priistas: ¿Qué hace un priista sin poder? Nada. Esa es su esencia: estar pegados al presupuesto público.
Ya lo decía Miguel Alemán Valdés: “vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”. Esa es la doctrina que delineó el comportamiento del PRI durante décadas.
Cuando se terminaron los cargos, los priistas salieron corriendo. En estos momentos un edificio ejemplifica perfectamente la debacle: el Comité Municipal del PRI en Acapulco.
El edificio está casi en ruinas, abandonado, olvidado, casi nadie se para por ahí. Y no sólo las oficinas, también la estructura: acaba de renunciar el dirigente del PRI en Acapulco, Sofío Ramírez Hernández, un pupilo del ex gobernador, Ángel Aguirre Rivero.
Renunció, según dijo, porque buscará ser candidato a la gubernatura “por la libre” porque de ese espacio ya se lo apropió Añorve. Pero en realidad, aunque no lo dijo, Ramírez Hernández se fue del PRI porque no ve futuro. No lo dudemos ni poquito: dentro de poco lo podemos ver en Morena, junto a todos los demás integrantes del grupo de Aguirre Rivero que ya están instalados en el partido que fundó el ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
En Guerrero, el PRI ya vivía su propia debacle. El hombre fuerte, el cacique de caciques, Rubén Figueroa Alcocer, hace años comenzó su ocaso, si bien mantiene su poder económico sobre todo, su influencia en la toma de decisiones se mermó.
El otro hombre fuerte era René Juárez Cisneros pero en 2021 murió a consecuencia del Covid-19. Antes, mucho antes, el otro cacique, Ángel Aguirre Rivero, había abandonado al PRI para irse como candidato del PRD a la gubernatura en 2011. Aunque nunca ha dejado de comportarse como priista. Como dice la chaviza: él salió del PRI, pero el PRI nunca salió de él.
En este momento, en Guerrero el PRI no tiene a ningún ex gobernador que les dé línea, como era su tradición. El priismo está huérfano y sin poder. Es un partido triste.
La otra razón porque la candidatura de Añorve no entusiasma es precisamente Añorve.
Si en este momento nos pusiéramos creativos y armamos una lista de los políticos más nefastos de Guerrero de seguro Añorve estaría incluido. Salgado Macedonio sería otro. Y Figueroa, los dos, padre e hijo. Y Aguirre Rivero. Bueno, cada quién que arme su lista.
Añorve se vislumbra como el candidato del PRI a la gubernatura por la simple razón que no hay otro. La baraja está pobrísima. En el mismo PRI saben que Añorve no garantiza nada, menos el triunfo.
Su biografía le impide ser un buen candidato. Hagamos un ejercicio simple: ¿alguien recuerda un problema resuelto por Añorve? ¿Una solución? ¿Algo?
Lo que sí recordamos con nitidez es su comportamiento. Pese a que nunca ha estado encumbrado en el poder, siendo un personaje secundario, siempre ha vivido en el presupuesto, en el privilegio.
Hoy es senador de la República, se reeligió en 2024; antes fue diputado federal, candidato a gobernador, alcalde de Acapulco, mucho antes diputado federal, alcalde interino de Acapulco, secretario de estado.
A Añorve se le recuerda mucho como alcalde de Acapulco. El priista sustituyó a Salgado Macedonio en el cargo. En ambos gobiernos comenzó el camino para que Acapulco se convirtiera en lo que es: una ciudad imposible, insegura, corrupta, sucia, inviable, donde nada funciona.
Todos recordamos la balacera en La Garita, donde los policías del gobierno de Salgado Macedonio atacaron a un grupo armado y luego dejaron las cabezas de los agentes en los barandales de una oficina gubernamental. Con Añorve nada cambió: las organizaciones criminales operaron en total libertad. Era de todos conocido como el puerto se convirtió en el principal centro de operaciones de la organización criminal Los Beltrán Leyva.
A días de la elección en 2011, el periódico Reforma publicó en su portada una nota que refería que Añorve recibió unos 15 millones de dólares de parte de Los Beltrán Leyva. La nota se basó en la declaración de un presunto testigo protegido. Nada quedó claro, lo único claro es que Añorve sigue vigente como esos días. ¿Por qué no lo investigaron? ¿Quién lo protegió?
¿Cómo lo ha logrado todos estos cargos?
Siempre ha estado muy cerca de los que ostentan el poder. Su última reelección lo ilustra perfecto. Ganó la candidatura al Senado de la República, aunque le hiciera un boquete a lo poco que quedaba en el PRI.
Se unió al líder nacional del PRI, el multiseñalado de corrupción, en el pleito con Astudillo Flores y desde ahí descarriló la posible candidatura al Senado de Mario Moreno Arcos, entonces aliado del ex gobernador.
Añorve perdió la elección pero como primera minoría alcanzó llegar al Senado. Fue una victoria pírrica, se hizo más daño en sus aspiraciones a la gubernatura que beneficio.
Pero ese es Añorve, recordemos, en 2010 operó para quitarle la candidatura del PRI a su primo y jefe político, el cacique Aguirre Rivero. Esa vez, con el apoyo del capo de la política, Manlio Fabio Beltrones, ganó la candidatura. Otra vez, fue una victoria pírrica: Aguirre Rivero se fue al PRD, lo hicieron candidato y le dio una arrastrada.
No sólo perdió Añorve si no también el PRI la oportunidad de recuperar la gubernatura. Aunque al final perdimos todos: la negligencia, la omisión, la displicencia y la corrupción de Aguirre Rivero en su segundo mandato como gobernador, nos auspició uno de los capítulos de terror más grande del México contemporáneo: el ataque, asesinato y desaparición contra normalistas de Ayotzinapa en septiembre del 2014 en Iguala.
En la última elección por la gubernatura, Añorve intentó ser el candidato del PRI pero le cerraron el camino, al final nombraron a Mario Moreno Arcos que ahora ya está en las filas de Morena. Esa vez Añorve no hizo campaña a favor de Moreno Arcos, incluso, hizo contracampaña.
Pero eso fue por venganza, porque en 2011, Moreno Arcos fue de los que no se fue del PRI pero apoyó a Aguirre Rivero.
Pese a ese historial, Añorve se mantiene vigente, en los cargos públicos, cerca de los que tienen el poco poder que representa el PRI. Y lo ha sabido aprovechar. Para muchos priistas los sobrantes del PRI son pocos pero para Añorve no.
En la elección del 2021, Añorve fue candidato a senador; perdió pero por primera minoría logró un escaño. Pero no sólo eso, en esa misma elección colocó a su esposa, Julieta Fernández Marquez, como diputada local por la vía plurinominal y a uno de sus hijos, Manuel Añorve Aguayo, como regidor de Acapulco.
Otro de sus hijos, Jorge Antonio Añorve Aguayo fue funcionario en el gobierno de Enrique Peña Nieto. Su hija, María José Añorve Fernández es secretaria auxiliar de acuerdos en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Añorve ha incrustado en la estructura gubernamental una red familiar.
La candidatura de Añorve no entusiasma a nadie, ni a los priistas, pero es muy probable que el priista aún perdiendo gane. Parece que entre el priista y Salgado Macedonio hay una connivencia.
Desde que comenzó el gobierno del clan de los Salgado, Añorve no ha realizado una sola crítica, ni en la campaña del 2024 se atrevió.
Añorve es muy posible que sea el candidato del PRI pero que pierda, pese a todos los errores de Morena y del gobierno de los Salgado, mantiene la preferencia electoral.
Pero, como cuando Aguirre Rivero ganó por el PRD, gane Añorve o se concrete el cacicazgo de Salgado Macedonio, otra vez vamos a perder todos. Así de desolador la tenemos los guerrerenses.
Posdata: Un consejo gratis para Añorve: antes de comenzar con su campaña debería de pedir perdón a los guerrerenses por haber sido una pieza destacada de ese priismo que empobreció los pueblos de Guerrero; de ese PRI que instauró la corrupción con único sistema; de ese priismo que dejó en desechos los hospitales y las escuelas. De ese PRI que le abrió las puertas completas a las organizaciones criminales.
Pero no esperemos nada.
Chirrionazo
Este domingo a mediodía mientras el alcalde de Chilpancingo, Gustavo Alarcón Herrera estaba codo con codo con la pedacera del PRI en el acto luctuoso del asesinato de Luis Donaldo Colosio, en el mercado Baltazar R. Leyva Mancilla, a unas tres cuadras donde se desarrollaba la ceremonia de los priistas, los comerciantes daban el último adiós al carnicero Daniel Lorenzo Campos quien fue asesinado junto con otro de sus compañeros.
El edil ni siquiera se ha parado al mercado para darle un mensaje de aliento a los locatarios que viven otra oleada de violencia. Y es que a Gustavo Alarcón tenía que estar con sus ex compañeros de partido como una muestra de agradecimiento de que el mandamás de este partido Manuel Añorve Baños, designó a su hijo Gustavo Alarcón Bello como delegado especial del tricolor en Acapulco.
Así se las gasta el edil que desde que asumió el cargo, nomás no da una, es más ni siquiera puede resolver el problema de la recolección oportuna de la basura.




