¿Quién mató a Alex Serna?

Arturo de Dios Palma, Jesús Guerrero y Emiliano Tizapa
Chilpancingo
13 de julio de 2026


¿Quién mató a Alex Serna?

¿Quién, quiénes?

¿Quién ordenó que lo asesinaran, que lo torturaran?

¿Quién silenció a Alex Serna?

Han pasado 23 días desde que Manuel Alejandro Moreno Serna, Alex Serna, fue desaparecido en Zihuatanejo; 21 días desde que su cadáver fue hallado dentro de un contenedor en las orillas de la comunidad de Coyuquilla Norte, en el municipio de Petatlán, en la Costa Grande; y 15 días desde que su familia lo reconoció en el Servicio Médico Forense (Semefo).

Desde entonces ha prevalecido el silencio. A la gobernadora, la morenista Evelyn Salgado Pineda; al fiscal general del estado, Zipacná Jesús Torres Ojeda; ya la alcaldesa de Zihuatanejo, la priista Lizette Tapia Castro, el crimen de Alex Serna no los ha inmutado. Han decidido imponer una losa de silencio.

La gobernadora no se ha tomado el tiempo ni siquiera para escribir un mensaje de condena en sus redes sociales. Salgado Pineda ha actuado como si el crimen de Alex Serna no hubiera ocurrido. El fiscal no ha tenido el mínimo interés de informar si la dependencia ya abrió una carpeta de investigación. La alcaldesa sigue con sus eventos en Zihuatanejo, ofreciendo el municipio como un destino placentero… pero solo para los turistas.

Hasta ahora no se sabe casi nada de los últimos días y de las últimas horas de Alex Serna. Ninguna autoridad ha establecido con precisión en qué momento y en qué lugar fue privado de su libertad. Menos se ha informado quién fue y, sobre todo, por qué lo asesinaron.

No hay ninguna información certera del caso; la familia de Alex Serna ha optado por el silencio después de haber conocido el terror de cerca.

Pareciera que hay una intención de silenciar a Alex Serna, incluso, después de haber sido asesinado. Pareciera que no fue suficiente su asesinato. Pareciera que no fue suficiente la tortura a la que lo sometieron. No hay información oficial de las circunstancias en las que fue hallado el cadáver de Alex Serna, pero no es difícil de imaginar. No es complicado dimensionar lo que implicó colocarlo dentro de un contenedor. Lo único que se dice —quedito— es que la tortura fue severa.

Alex Serna era conocido en Zihuatanejo, en sus redes sociales llegó a tener hasta 27,000 seguidores. Su trabajo muy pocas veces pasaba desapercibido por la contundencia de sus palabras. Aun así, su cadáver pasó 15 días en las planchas del Semefo. Ninguna autoridad informó del hallazgo del cuerpo. Las versiones —porque es lo único que hay— afirman que desde la desaparición comenzó el hostigamiento contra la familia: allanaron la casa de Alex Serna en Zihuatanejo y luego intimidaron a los familiares para que no acudieran al Semefo.

A Alex Serna lo sepultaron de inmediato en su pueblo natal, San Luis Las Lomas, en Tecpan; no hubo tiempo de nada. Los familiares reconocieron el cadáver y salieron casi huyendo de Zihuatanejo.

En los primeros días, la desaparición de Alex Serna se mantuvo casi en secreto; nadie se atrevió a denunciarlo, nadie demandó su presentación. Pasaron díez días para que se rompieran el miedo y el silencio.

En redes sociales trascendió la desaparición, desde ahí se hizo la denuncia, todos fueron cautelosos. En esos días, la desaparición de Alex Serna no fue la única ni fue la excepción en Zihuatanejo. En junio, ese municipio se convirtió en un pozo negro: desaparecieron once personas, incluido Alex Serna.

El 29 de mayo se registró la del adolescente de 15 años, Massimo Rafael Hernández Guzmán, el resto ocurrió en junio. El primer día se informó la desaparición de Samuel Pineda Ángel, de 17 años; el 10 de junio desaparecieron tres jóvenes: Brendy Mongue Gutiérrez, de 19; Jaciel Arroyo Gallardo, de 19 años, y José Octavio Ortega Vargas, de 30. El 18 de junio fue desaparecido Víctor Alfredo Vázquez Jiménez, de 20 años; al día siguiente, Nathalia Romero Rojas, de 16 años. Luego vino la desaparición de Alex Serna. El 24 de junio desapareció Fernando Díaz Sánchez, de 27 años; el 25 desapareció Carlos Mendiola; el 26, Ruby Vázquez García, de 42 años y, el 29, Josmar Dorantes Gallardo, de 15 años.

Es decir: antes de que desaparecieran a Alex Serna, desaparecieron a siete personas y, después de que lo desaparecieron, a otras cuatro.

Todas estas desapariciones se han denunciado de forma discreta; no ha habido marchas ni protestas, las familias sólo presentan las denuncias y esperan a que su familiar vuelva. El miedo en Zihuatanejo es insoportable. Se convirtió en un lugar donde nadie denuncia y donde nadie protesta por nada. 

Zihuatanejo es una zona de silencio.

Las voces en Zihuatanejo las fueron callando poco a poco. Desde hace más de una década son unos cuantos los que deciden qué se dice y qué no, cuándo se dice y cuándo no. Lo han hecho por varios métodos —dos muy visibles, por lo menos—: la violencia y la corrupción.

En 2016, en Zihuatanejo se vivía una disputa entre dos organizaciones criminales: Los Viagras y el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Peleaban por las rutas, la distribución de la droga, los acuerdos con las policías y con los gobernantes, pero también por lo que publicaban los periódicos, las radios y las televisoras.

Al inicio, los reporteros y las mesas de redacción comenzaron a recibir llamadas donde una voz desconocida les ordenaba lo que tenían que publicar al día siguiente. la mayoría aceptó por sobrevivencia. Muchos reporteros recibían avisos de dónde estaba el muerto del día. El aviso no era una sugerencia, era una orden: lo tenían que publicar. La violencia era el mecanismo para transmitir sus mensajes. Eran, como siguen siendo, mensajes dirigidos a personajes en particular, pero también a toda la población: mensajes que siembran el terror y el miedo.

Se complicó todo aún más cuando las llamadas dejaron de provenían de una sola voz desconocida, sino de dos. Una voz desconocida daba una orden y, minutos después, la otra emitía una instrucción diametralmente distinta.

Cualquier cosa que se decidiera implicaba un riesgo: si se publicaba, cumplían la orden de una voz desconocida, pero incumplían la de la otra.

Reportar y publicar se convirtió en un camino minado. Un paso en falso y todo explotaba. Y explotó. Vinieron los ataques a las oficinas de los periódicos, las amenazas, los desplazamientos, las desapariciones y los asesinatos. Los cierres de periódicos. El silencio.

En febrero de 2019 fue encontrado un hombre decapitado; a las redacciones de los periódicos El Despertar de la Costa y El ABC llegaron voces desconocidas que dieron órdenes encontradas. Uno pidió que se publicara y el otro que no. Los dos periódicos se pusieron de acuerdo y publicaron la nota.

Esa noche, a las oficinas de El Despertar de la Costa llegaron hombres armados y las rafaguearon; a El ABC también llegaron armados, se metieron y amenazaron a todos. Ambos periódicos cerraron.

En junio de ese año asesinaron al director del portal de noticias La Verdad de Zihuatanejo, Édgar Alberto Nava López.

En esos años, algunos reporteros no tuvieron más opción que huir. Omar Bello Pineda fue el primero en desplazarse; le siguieron Leonardo Martínez Peralta, Eleazar Arzate Morales y Rogelio Cendejas Rosales. Los cuatro recibieron amenazas de muerte. A algunos les avisaron y tuvieron tiempo de huir. Dos han podido regresar; para los demás, el riesgo sigue vigente.

El incremento en los ataques, las amenazas, los desplazamientos y los asesinatos coinciden en el tiempo con la llegada al gobierno de Zihuatanejo del priista Jorge Sánchez Allec. El primer período de Sánchez Allec comenzó en 2018, se reeligió en 2021 y ganó; en 2024 se postuló su esposa, Lizette Tapia Castro, y obtuvo el triunfo. El matrimonio Sánchez-Tapia suma ocho años en el poder.

Gran tramo de la última década de silencio en Zihuatanejo ha coincidido con el gobierno del matrimonio Sánchez-Tapia.

Ha sido un gobierno con muy pocas críticas; muy pocos reporteros y reporteras ocupan su tiempo para revisar el desempeño público del matrimonio o, por lo menos, no lo publican.

“Muchos están en la nómina, les están dando buenos convenios, de 20,000 o 30,000 pesos”, cuenta un reportero que sigue desplazado.

Y remata: “En Zihuatanejo, los reporteros o están amenazados o están en nómina, por eso nadie dice nada”.

En este período, el silencio no ha sido impuesto sólo para los reporteros y reporteras. Un año después de los ataques a El Despertar de la Costa y El ABC, del asesinato del director de La Verdad de Zihuatanejo y del éxodo de reporteros, fue asesinado el empresario y político Ricardo Sotelo Luna.

Como presidente del Consejo Empresarial Ciudadano Ixtapa (CECI), Sotelo Luna fue una de las voces críticas al gobierno de Sánchez Allec. Había participado en marchas para exigir seguridad y, antes de su asesinato, participó en protestas para exigir la reapertura de comercios cerrados por las medidas sanitarias impuestas debido a la pandemia de la COVID-19.

“A Sotelo también lo callaron”, definió un habitante de Zihuatanejo que pidió el anonimato. 

Ese es el escenario en el que informó Alex Serna: en medio de amenazas, de llamadas a las redacciones, de desplazamientos, de asesinatos y de corrupción.

Alex Serna informó con tanta libertad como si estuviera ajeno al entorno en el que estaba parado. Denunciaba de manera directa, sin atajos ni miramientos. Muchos cuestionan su forma de informar, si cumplía con los cánones de los géneros periodísticos o si documentaba sus denuncias; si era activista o reportero. Es muy probable que Alex Serna no fuera el más pulcro en el manejo de los géneros periodísticos, tampoco que tuviera toda la documentación de sus denuncias y, sí, era activista ambientalista.

Lo que sí hacía Alex Serna, y de forma contundente, era cuestionar al poder ya los poderosos. Vigilaba el desempeño público de la alcaldesa y de su esposo; hablaba de sus negocios y también de los empresarios que, como ocurre en todo el mundo, quieren más ganancias a costa de lo que sea, incluyendo el daño ambiental.

Alex Serna cuestionaba más que muchos que son reconocidos como periodistas. Vigilaba más al poder que muchos que desistieron vigilar y preferieron incorporarse a las nóminas oficiales.

Podemos estar en desacuerdo con las formas en las que informaba o con el estilo de Alex Serna, pero debemos estar en total desacuerdo con los métodos que han establecido los poderosos para callar a un reportero o reportera que cuestiona, que vigila y que es incómodo. No podemos permitir que la brutalidad gane.

Su última publicación la hizo el 20 de junio —el día en que fue desaparecido—; en ese último video, Alex Serna denunció el daño ambiental en las comunidades de La Saladita y Llanos de Temalhuacán, en La Unión, municipio colindante con Zihuatanejo. Responsabilizó a una empresa deshidratadora de mango, propiedad de un empresario extranjero, Frank Thomas Cruz.

Acusó que la deshidratadora opera desde 2017 sin permisos ambientales y que extrae y utiliza agua sin autorización de la Comisión Nacional del Agua (Conagua).

En la mayoría de sus publicaciones denunciaba daños ambientales, como el cambio ilegal de uso del suelo, así como construcciones que afectan humedales y manglares en Zihuatanejo; por eso era considerado un activista ambientalista.

Alex Serna acusó al matrimonio Sánchez-Tapia de controlar la distribución del agua para beneficiar a empresarios afines y también a empresas de su propiedad.

“La falta de agua en Zihuatanejo tiene nombre y apellido. La empresa constructora El Hujal, propiedad del cacique, el priista Jorge Sánchez Allec, y de su esposa, la bióloga ecocida, la alcaldesa Lizette Tapia Castro, la han bloqueado para que no llegue el agua a la población”, explicó el 11 de junio en una publicación.

El comunicador se refirió al matrimonio Sánchez-Tapia como la conformación de un cacicazgo en Zihuatanejo.

En marzo, Alex Serna denunció que estaba recibiendo amenazas y siendo hostigado. La noche del 4 de marzo publicó en sus redes sociales los mensajes que recibió del usuario “Animo animo”: 

“Ya te tenemos en la mira, mejor bájale de huevos (sic)”. Y: “Mira bájale de huevos hijo de tu puta madre… piensas que la gente meterá las manos por ti no estamos jugando ya tenemos tu ubicación y todo (sic)”.

Estos mensajes Alex Serna los adjudicó a personal de la empresa constructora El Hujal, propiedad del matrimonio Sánchez-Tapia.

En la mañana de ese 4 de marzo, Alex Serna publicó un video donde hace un recorrido por el cauce del río de Salitrera. Ahí denunció que la empresa constructora El Hujal, propiedad de los priistas, estaba extrayendo material pétreo y agua sin permisos.

En el video mostró cómo un hombre se bajó de una camioneta —según dijo Alex Serna— con membrate de la empresa El Hujal para intimidarlo.

Como se dijo anteriormente, pareciera que quieren silenciar a Alex Serna incluso después de haberlo asesinado.

En el muro de Facebook de Alex Serna está bien establecido cuáles eran sus denuncias ya quiénes denunciaba. La fiscalía no puede voltear a otro lado: una línea de investigación debe ser su trabajo y sus denuncias. Tampoco puede la fiscalía excluir de la investigación a los personajes que Alex Serna denunciaba. Pero primero, que la fiscalía comience la investigación.


Chirrionazo

La gobernadora Evelyn Salgado Pineda ordenó este fin de semana la operación “acarreo” para las dos asambleas que encabezó a su padre, Félix Salgado Macedonio, en Taxco e Iguala, donde además recibió el espaldarazo de la presidenta nacional de Morena, Ariadna Montiel Reyes.

Con la amenaza de que se quedarían sin trabajo, los burócratas del Palacio de Gobierno tuvieron que ir a los eventos del senador con licencia.

La mayoría de los secretarios del gabinete estatal estuvieron en primera fila echándole porras a su jefe “El Toro”. Bueno, hasta la secretaria de Cultura, Aída Melina Martínez Rebolledo, subió al presídium, pero solo para hacer el ridículo, porque se equivocó al pronunciar el juramento a la Bandera.

Algunos trabajadores del Palacio de Gobierno denunciaron que se les dio un sándwich con una rebanada de jamón y un bote de Frutsi. En los tiempos del PRI, a los acarreados cuando menos les daban su “lonche” y aparte un dinerito en efectivo, pero en los tiempos austeros de Morena ahora son bien tacaños, comentó un viejo trabajador del Palacio de Gobierno.