Jalil Mosso: la música más allá del espacio,
el tiempo y la muerte
Luis Daniel Nava Chilpancingo 2 de noviembre de 2026
Segunda de tres partes
“Xtuajén: Piel del tiempo”, del guitarrista, Jalil Mosso Castrejón [Bègò Mosso], explora los orígenes y el significado de la música mè’phàà más allá del espacio, del tiempo y la muerte.
El proyecto del músico originario de Tlapa, también fue seleccionado de entre los 40 mejores Músicos Tradicionales Mexicanos, un programa del Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales (SACPC), antes Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México.
Otros dos grupos de Guerrero resultaron ganadores: “Cielo Tixtleco” y “Erick de Jesús Ocelotl – Canto y Son Guerrerense “, de Chilpancingo.
En el caso de Mosso Castrejón, ganó al igual que siete músicos del país en la categoría: “Músicos que renuevan la tradición musical mexicana”, por lo que durante dos años tendrá el apoyo para materializar su propuesta ya avanzada.
En el 2023, el músico mè’phàà logró su primera selección en ese programa federal con el proyecto Xoxto’ / La piel del territorio.
Xoxto’ fue una investigación y la adaptación de música nahua, na savi y mè’phàà (las tres culturas que convergen en la región Montaña) a la guitarra clásica.
Al profundizar en el estudio surge “Xtuajén: Piel del tiempo”, que explora los inicios de la música mè’phàà y los músicos que aún la practican.
Entrevistado al respecto, Jalil Mosso Castrejón (Tlapa de Comonfort, 1991), habla de su proyecto ganador con el que podrá producir un álbum musical y un cortometraje acerca de los orígenes y la cosmovisión de la música mè’phàà.
Desde Xoxto’ / La piel del territorio, dice, comprendió la necesidad de exponer la música mè’phàà, que ha sido menos explorada y producida.
En el proceso de investigación de los años recientes, asegura, se ha encontrado con muchísima música que ha estado ahí, olvidada, desde hace mucho tiempo.
El músico llegó a documentos antiguos que se remontan a música prehispánica de la cultura Mè’phàà.
“No hay una fecha, pero tiene esa raíz, es del año 1860. Son partituras que se recopilan y provienen del país Nicaragua, que es una de las migraciones que tuvo la cultura mè’phàà en esa época”.
La pérdida
En ese recorrido a los orígenes y el volver al presente observó una gradual pérdida de esa música.
“Es uno de los puntos que retomo, porque ya no se toca como tal, son contados los músicos que lo hacen, pero no se escucha tanto. Estamos hablando netamente de 10 personas, por lo que yo pude rastrear”, asegura.
Entre los personajes que halló haciendo música de esa cultura están Abertano Jerónimo, don Cuco, Saúl Morán y Aristeo Cantú, del municipio de Malinaltepec.
“La música que encontré en los archivos no se ha tocado desde esas épocas, de manera que sí estamos ante una situación de pérdida de ese material”.
Uno de los factores más notorios del desuso de la música originaria, agrega, es el racismo que busca que integrantes de esta cultura olviden su filosofía y cosmovisión.
“Por eso, mucha de esta música ya no se recuerda o muy pocas personas la recuerdan y la siguen haciendo.
“Es la imposición de cosas externas que hacen creer que tienen mayor relevancia que las propias y eso pasa con la lengua”.
Jalil Mosso propone a la comunidad artística revivir esas melodías, compartirlas, contarlas y sobre todo dialogar con las personas mayores que pueden abonar a las nuevas generaciones.
También ve desinterés por parte de los gobiernos municipales y de los gobiernos estatales, incluido el actual de la morenista Evelyn Salgado Pineda.
“No vemos esa parte del interés a la promoción o al rescate. Se sigue viendo un objeto de exotización, de ocupar a los pueblos cuando hay un evento para justificar la presencia de los pueblos originarios.
“La preservación de la música, de las danzas y de las lenguas surge más de grupos o personas de manera independiente”, concluye.
*Notas:
En este ensayo “Nanda jáñù: la piel del mundo”, publicado en el Suplemento Ojarasca, de La Jornada, el 16 de octubre de 2026, Jalil Mosso expone parte de su investigación acerca de la lengua, música y territorio de los pueblos mè’phàà en Guerrero y Sutiaba, del país Nicaragua.
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Y en este enlace se puede disfrutar la pieza Nanda Jáñù / Nagzdagañu / La Danza de la Muerte, del guitarrista:
Según explica el artista en su texto, más de un siglo y medio después las partituras son de las pocas huellas sonoras de los antiguos mè’phàà, sutiaba o maribios.
“Volví a hacerlas sonar con mi guitarra y el tiempo. La música acompaña desde hace mucho las ceremonias agrícolas, las danzas, la lucha por territorios y los momentos de toda ritualidad.
Es el lenguaje mediante el cual una comunidad dialoga con el territorio y con las fuerzas que sostienen la vida. La cercanía entre Nagzdagañu y Nanda jáñù no es solo fonética: en ambas, la muerte aparece como proceso del tiempo.
“La renovación no consiste en olvidar lo que fuimos, sino en cambiar de piel sin perder la memoria”.
Cambiar de piel también implica atravesar la muerte, dice Mosso.
“Quizá el ser humano descubre la música cuando se encuentra con toda transición: cuando un animal muere, lo que permanece —el cráneo, los huesos, la piel— puede volverse instrumento, sonido, materia que las manos transforman en música. Quizá por eso la muerte no sea el final del sonido, sino el principio de una gran música”.








