Ayotzinapa: madres y padres de los 43 marchan en CDMX y exigen justicia

Ramón Gracida Gómez
Ciudad de México
26 de septiembre de 2026

Mañana la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ocupará el Zócalo para dar su mensaje; hoy fueron los padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

4:50 de la tarde. El Ángel de la Independencia. Consignas aisladas, una ligera llovizna, rostros jóvenes, caras viejas; las y los padres de los 43 estudiantes de Ayotzinapa al frente de la marcha. Una larga parada en la glorieta de los desaparecidos de la avenida Reforma, tapizada de fotografías de hombres y mujeres. El director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, Abel Barrera Hernández, saluda a quien se le acerca; normalistas y la presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México, María Dolores González Saravia Calderón, caminan junto a él.

Tras 12 años de los ataques del 26 de septiembre de 2014 en Iguala, el clamor es el mismo: ¿dónde están? Ya no son las decenas de miles del inicio del movimiento, pero las organizaciones estudiantiles y sociales se mantienen en pie de lucha y este aniversario fue bastante nutrido.

Integrantes de la Brigada Marabunta sostienen un cordón para delimitar al contingente que marcha sobre el carril que conduce al Zócalo, donde culminará el mitin.

Los grandes edificios corporativos forman un gran muro que logra un eco ligero de los nombres de los 43 y de la demanda de justicia.

“El Ejército no ha entregado los 800 folios relacionados con el caso”, demanda un pedazo de cartón colgado en la espalda de una joven anónima con la cara cubierta.

El abogado Isidoro Vicario, quien va al frente de la marcha con micrófono en mano, enumera los largos años de espera: “Tampoco nos imaginamos que íbamos a estar un año más. No tenemos información de los compañeros de los 43”.

El informe de la Fiscalía General de la República (FGR) sobre el caso Ayotzinapa fue retrasado hasta el lunes, tal vez previendo que los datos postulados no serán del agrado de las familias agraviadas.

La jornada de esta semana tuvo como evento especial la protesta del jueves pasado afuera de las oficinas de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), cuyo informe dado a conocer hace unos meses exoneró al Ejército de su responsabilidad a pesar de la información conocida, señalaron los padres de los 43.

 

 

El grito unísono de decenas de estudiantes de Ayotzinapa enchina la piel. Un líder radicaliza el discurso: tras la promesa de Enrique Peña Nieto, la actual presidenta Claudia Sheinbaum Pardo “se ha encargado de desviar información, de seguir ocultando”.

Se oye una explosión. Los manifestantes se voltean a ver entre sí, no se ve humo, pero varios negocios cerraron sus puertas y protegieron sus instalaciones con mamparas; “Harfuch asesino”, se lee en una pared.

Las decenas de fotorreporteros buscan el mejor ángulo sobre cualquier pedazo de cemento que les dé alguna altura. La marcha continúa en las avenidas Juárez y 5 de Mayo; una joven con la bandera de Palestina como capa encara a los policías que vigilan en una calle lateral.

“Comandante Genaro Vázquez, ¡sí señor!; Lucio Cabañas, ¡sí señor!”, gritan unos jóvenes rapados con camisas rojas y una gran bandera del mismo color: el color comunista.

6:15 de la tarde. El Zócalo está cercado; numerosos metros separan a los manifestantes del Palacio Nacional y de la Catedral. El templete fue ocupado por una madre de algún desaparecido; los familiares de los 43 la escuchan.

El discurso inicia con el llamado a evitar más incidentes que los registrados durante la marcha de más de una hora y media. Van llegando más contingentes, entre ellos uno que porta los rostros de los estudiantes desaparecidos en palomas blancas de papel.

Una cifra de desaliento: ocho padres y madres han muerto en los 12 años de lucha. Campesinos e indígenas.

Los que sobreviven mantienen la mirada seria. Una de ellas, Magdalena Maestro, madre del normalista desaparecido Antonio Santana Maestro, pide a la presidenta de México seguir las líneas de investigación establecidas por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) —principalmente la que implica al Ejército— y que regresen los expertos.

 

 

Mario César González, padre de César Manuel González, precisa que uno de los desaparecidos, Julio César López Patolzin, es un infiltrado del Ejército que reportaba lo que sucedía en la escuela. “La vida se nos está acabando buscando a nuestros hijos”, externa.

Emiliano Navarrete, padre del estudiante José Ángel Navarrete González, grita indignado que el expresidente Andrés Manuel López Obrador protegió al Ejército y pregunta que, si esta institución no tiene nada que ver, por qué le pone abogados a los escasos militares detenidos para defenderlos.

El nombre del exgobernador Ángel Aguirre Rivero, la gran detención del año del actual régimen federal, solo aparece como una expectativa de hacia dónde puede ir la investigación, pero no como una victoria contundente para resolver el caso.

Llegó la noche, el himno Venceremos, los miles de puños izquierdos en alto y el fuego al pie del Palacio Nacional. “Ya lo dijo Carlos Marx, ya lo dijo Federico Engels, ya lo dijo Vladimir Lenin, triunfará el comunismo”, culminan los integrantes de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM). 

¿Qué dirá la mandataria federal este domingo?