De tardes, con lluvia de luna
(y en ocaciones sin ella)
Iván Rudenko LeónChilpancingo11 de septiembre del 2026
Pienso sobre las formas diversas de conversación que puede tener la lluvia por si sola, sin que nos percatemos necesariamente de ello, pero su lenguaje chorrea a borbotones mostrándose hasta rebosar los bordes del silencio que sucede entre el mundo y su planificación de concreto, de sus sonrisas falsas, de darle valor a la vida, de andar a ritmos de su ingeniería expansiva, de tejer hormigón sobre la hierba.
Tal vez por ello, al no tener una norma está se da rebosante, a raudales, llenando los espacios, las azoteas, los jardines, cubriendo los bosques, escalando las paredes, cayendo en los rostros, llenado estanques, charcos donde aún algunos infantes le dan la bienvenida y brincotean, celebrándola, armado un carnaval en sus pechos, haciendo una fiesta entre los marginales, los no vistos, los invaluables… como pueden ser ranas, sapos, los grillos, luciérnagas, escarabajos y toda la pléyade entomológica “poco apreciada”, estos siempre ensayan y afinan sus instrumentos y orquestan para todos… Pero la regla del valor dice que no se fíen de lo que no tiene precio; allí la obstinación de los cánticos genera algunas alegrías reales en los rostros, de la que no relumbra en pantallas táctiles por la suma de gustos, la franca, la sencilla, la natural, esa que ínsita a salir y escuchar.
El rocío en las hojas, brincotean de una a otra, dando brillo sin ser preciado, el agua se manifiesta y brinda encendiendo con armonía su mejor jugada, fertilizando con su olor a tierra mojada, algunos se esconden bajo las cornisas, otros maldicen y hay quienes se regocijan y se aventuran a recibirla de frente (se encienden cápsulas de memoria de cuando convivían con ella y chapoteaban, abrazándose, corriendo… festejando).
Pero tiene que parar en algún momento y lo hace, así todos se incorporan a sus lineamientos y conductas, el ruido de ciudad se activa (siempre estuvo, pero por un lapso dejo de rugir), aún de todas maneras, al fondo la sinfonía se pierde entre el machacar de la maquinaria, pero redobla y se mantiene.
El torrente dio cuenta con su frescura, su humedad, el bautizo los renueva por un instante y brotan sonrisas reales que no tienen sonido de dinero, desde las alturas de los edificios entre el brillo de las ventanas, hay quienes miran a lo lejos y encuentran rostros amenos, sonidos que van fracturando la monotonía.
Deja sembrado el germen festivo de la lluvia, llevándolo a cuestas o bajo el brazo, así, al fondo solo queda el eco de las pisadas que se alejan trayendo otras, algunos aún miran como deja de llover por fin y salen de entre sus “escondites” reanudando sus labores.
Nota: Esto lo veo como un vergel, donde en la cosecha de algunos brotes jugosos y maduros de lecturas que quedaron sembradas desde el más ayer revientan en el paladar emocional de mi vida, dando gusto a esas letras que como semillas quedaron en el surco de mi memoria en mis “charlas” con T. Merton, que en momentos llegan, cápsulas que revientan frescas de recuerdos brillosos, aún en los escombros de mí.
* Iván Rudenko León es licenciado en Filosofía.
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